Los parques temáticos, y en especial, las montañas rusas, son uno de los lugares favoritos para los niños, aunque tenemos que aceptar que muchos adultos también nos lo pasamos de lo lindo. Es un destino ideal para toda la familia. Hoy en día, además, los parques están preparados para poder realizar todas las actividades que deseemos, con atracciones de lo más variadas, puestos de comida de muchos tipos e incluso hoteles para poder estar más de un día.

Los parques de atracciones son un destino ideal en verano, pero… ¿qué pasa en invierno? ¿El cierre de los parques se debe solo a la falta de visitantes por el frío? La respuesta es no. Hay motivos técnicos que hacen que en invierno algunas montañas rusas tengan que cerrar. ¿Cuáles?

El problema de las bajas temperaturas

Hay montañas rusas de muchos tipos distintos, pero la mayoría funcionan de la misma manera: los vagones se apoyan en los raíles mediante unas ruedas. Estas ruedas se apoyan verticalmente, como cualquier rueda de un vehículo, pero también hay ruedas laterales para evitar que los vagones descarrilen en las curvas.

Los trenes que forman los vagones no tienen ningún tipo de motor. Se mueven con total libertad. En la parte inicial del recorrido son elevados mediante un ascensor de cadena hasta un punto elevado, y una vez ahí, se sueltan por las apasionantes bajadas. Para que puedan hacer todo el recorrido entero es necesario que la fricción sea mínima, y esto se consigue añadiendo grasa a los cojinetes de las ruedas. Con bajas temperaturas la grasa es más espesa, y esto supone un problema.

¿Qué podría suceder en invierno con algunas montañas rusas? Que la fricción de las ruedas fuera demasiado elevada como para permitir que los vagones realizaran el recorrido entero. El tren podría quedarse a medias de una subida o ser incapaz de hacer un loop. Esto no ocurriría nunca en verano porque la grasa es mucho más viscosa.

La meteorología, otro freno

La próxima vez que subas a una montaña rusa fíjate que en algún punto encontrarás un anemómetro que mide la velocidad del viento. Es un elemento que juega en contra y que puede hacer que una atracción cierre. El viento en contra podría ser un freno. No podemos olvidar tampoco que en invierno el hielo puede adherirse a los raíles. Otro problema añadido.

Montaña rusa en invierno

La nieve es un impedimento para el buen funcionamiento de una montaña rusa

Luego tenemos un factor humano. En invierno no apetece demasiado ir a un parque de atracciones. En la intemperie, siendo un lugar tan abierto como es un parque de atracciones, el ambiente no es confortable. Y al subir a una atracción la velocidad hará aumentar la sensación de frío. Eso sin contar que hay mayor riesgo de lluvia y de nevadas.

Es evidente que un parque temático no es viable con tan baja afluencia de público durante los meses más fríos del año. Por eso la mayoría de ellos se toman un descanso y aprovechan para remodelar zonas y realizar las tareas de mantenimiento que la temporada alta no permite hacer. Son atracciones que en verano están funcionando durante muchas horas, y la fatiga que suelen presentar obliga a hacer una buena revisión al final del año. Eso sí, el personal que trabaja durante el verano se va al paro.

Por qué se llama montaña rusa

El origen lo encontramos en la forma que tenían los rusos de divertirse en invierno. Bajaban con sus trineos por unos toboganes de madera que llenaban de agua para que se congelara en forma de hielo. Así la fricción era mínima y descendían a gran velocidad.