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domingo, 15 de enero de 2017

Cómo medir el frío



Estamos a las puertas de la primera gran ola de frío del invierno. Es cierto que hace semanas ya tuvimos un episodio de bajas temperaturas, pero la que se avecina es de las que recuerdan nuestros abuelos. ¿Cómo medimos este frío? ¿Es suficiente con un termómetro? No.
Está claro que el termómetro es el instrumento que utilizamos para medir la temperatura. Antiguamente de mercurio, y ahora ya electrónicos, son el testigo más fiable para saber los grados que hay en el ambiente donde lo tenemos. Pero… ¿es esta la temperatura que nota nuestro cuerpo? La respuesta es no. No son lo mismo los treinta grados de Barcelona en agosto que los mismos treinta en Madrid, así como los cero en Vitoria que en Sevilla en pleno invierno.
El elemento que hace que notemos más o menos frío es el viento. Una suave brisa a tan solo cinco grados puede hacer que la temperatura que sienta nuestro cuerpo sea de cero. Al fin y al cabo lo que nos interesa no es tanto saber cuántos grados hay ahí fuera, sino la temperatura que nosotros sentimos.
Para saber la temperatura de sensación existe una tabla que se denomina “tabla de sensación térmica”. En inglés, “windchill”. Pongamos un ejemplo para estos días venideros. Si estamos de noche en Teruel a quince grados bajo cero y el viento sopla a solo diez kilómetros por hora, la temperatura de sensación que siente el cuerpo es de treinta y dos grados negativos. Una barbaridad.
En verano no se tiene en cuenta el viento, sino la humedad. Así, si estamos un día cálido de julio en Valencia a treinta grados, con una humedad del noventa por ciento, la temperatura se sensación es de cuarenta grados.
Mucho cuidado con el frío que viene porque incluso podríamos superar algunos récords.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media -

domingo, 1 de enero de 2017

La cámara oscura



Como ya conoces mi pasión por la fotografía, hoy me gustaría enseñarte algo que puedes hacer de forma sencilla en tu casa y que dejará a todos tus amigos con la boca abierta. Vamos a convertir nuestra habitación en una cámara oscura.

En la imagen que encabeza el post puedes ver el resultado en mi habitación. ¿Qué se puede ver? Efectivamente, mi habitación. Pero a la vez, puedes observar tanto en la pared, en el techo como en todas las superficies la imagen de la calle. ¡Incluso de los coches! ¿Cómo se hace?

Primero debemos tapar toda la luz que entre en la habitación. Absolutamente toda. El papel de aluminio de la cocina y un poco de cinta aislante serán suficientes. Hay que ir con cuidado ya que no puede entrar ni un solo haz de luz. Una vez a oscuras, hay que realizar un orificio en el papel de aluminio justo en el centro de la ventana. Tiene que ser completamente redondo. ¿Y de qué tamaño? Hay calculadoras en internet como esta que te dan el diámetro que debe tener el agujero (estenopo). Yo lo hice a ojo, haciendo el agujero cada vez más grande hasta que la imagen estaba enfocada en la pared. A mí me salió de 2 centímetros.

En este punto ya veremos algo proyectado en la pared, pero no lo veremos ni en color ni de forma muy nítida. Nuestros ojos tardan mucho tiempo en adaptarse a la oscuridad. ¿La solución? Hacer una fotografía. Hay que situarse cerca de la ventana, colocar el trípode y hacer una fotografía de larga exposición para que la cámara sea capaz de captar toda la luz.

¿Por qué se ve la imagen invertida? Te dejo un gráfico para que lo puedas entender.




Te recomiendo visitar el trabajo de Abelardo Morell en el que suele utilizar esta técnica de forma fascinante.