¿Por qué hay fruta de tantos colores?

Detrás de los llamativos colores de la fruta hay una lucha encarnizada por la supervivencia

¿Superó la barrera del sonido Baumgartner?

Un gran evento publicitario que merece ser analizado más profundamente

Los helados y el dolor de cabeza

Ahora entenderás por qué te duele la cabeza al comerte rápido un helado

Otras formas de beber

Algunos insectos disponen de sistemas alternativos muy curiosos

Uno de los suicidios más famosos

Detrás de los azucarillos alargados se esconde una gran tragedia

martes, 19 de septiembre de 2017

¿Por qué apagamos la radio cuando aparcamos el coche?


A todos nos ha pasado alguna vez. Llegas a casa tras una larga jornada de trabajo escuchando tu emisora de radio favorita, hasta que llega el momento de aparcar y… apagamos la radio. ¿Por qué hacemos esto? ¿Somos tan limitados que una simple música nos puede desconcentrar?

La explicación es sencilla. El ser humano es un animal de costumbres. Siempre solemos conducir por las mismas calles y carreteras día tras día y el cerebro acaba haciéndolo de forma automática. ¿No te ha pasada alguna vez que llegas a casa y te preguntas cómo has podido conducir hasta ahí si estabas pensando en otras cosas? Mientras conducimos así somos capaces de escuchar música, un debate o ir pensando en las musarañas.

La cosa cambia cuando toca aparcar. Se trata de un ejercicio que el cerebro no tiene automatizado, a no ser que aparques todos los días en la misma plaza, claro está. En este momento el cerebro necesita la máxima concentración, y la música nos acaba molestando. Lo hacemos sin pensar, dándole al on/off, y nos sentimos más a gusto y preparados para aparcar y no darle a la columna o al coche del vecino.


Así que no pienses que eres limitado. El cerebro se entrena, es capaz de hacer dos cosas a la vez a base de entrenamiento, pero cuando una de las tareas no es habitual, necesita la máxima atención. Yo tenido he que apagar música la para escribir bien. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

Mi casa hace ruidos



             Todos lo hemos sufrido alguna vez. Estamos en casa. Solos. En absoluto silencio. Ya tenemos el pijama puesto, nos hemos cepillado los dientes, la luz de la mesita ilumina la habitación y confirmamos por tercera vez que la alarma del móvil está bien puesta. Todo bajo control hasta que de repente llega un ruido extraño desde el salón, como un crujido. Si tienes la mala suerte de que te sucede de noche, dudo que te levantes a ver qué ha pasado por miedo a encontrarte a alguien, o algo. De día pasa más veces, pero no somos tan conscientes y no da tanto canguelo.

                ¿Qué pasa en nuestras casas? ¿Por qué hacen estos crujidos? ¿Por qué se nota más en esta época? El motivo tiene que ver con el cambio de temperatura.

                Cuando llega el otoño y la primavera solemos tener mucha diferencia de temperatura entre el día y la noche. Es lo que en meteorología llamamos amplitud térmica. Todos los materiales, en mayor o menor medida, sufren una dilatación cuando sube la temperatura y una contracción cuando baja. Muebles, ventanas, mesas, sillas, televisor… todo lo que tenemos en casa está hecho con materiales y piezas encajadas a la perfección. Cualquier cambio de longitud o volumen puede provocar, en algún momento, un crujido.

                Este fenómeno se produce con grandes cambios de temperatura. En verano e invierno no suele suceder tanto porque la temperatura es más estable entre el día y la noche.


                De todas maneras, esto no quiere decir que si se escuchan ruidos en el salón de noche no haya nadie. Tampoco hay que confiarse y hay que cerrar bien las ventanas y las puertas. Aunque a los espíritus esto les da igual. 

domingo, 9 de abril de 2017

Nuevos tipos de nubes



Con el mismo entusiasmo que unos padres deciden el nombre que le pondrán a su hijo, estamos los meteorólogos tras la gran noticia que hemos recibido. Con motivo del Día Meteorológico Mundial del pasado 23 de marzo se han bautizado doce nuevos tipos de nubes. Esto no quiere decir que se hayan observado nubes nunca vistas hasta ahora, sino que se ha puesto nombre a algunas que ya existían.
La Organización Meteorológica Mundial ha actualizado el Atlas Internacional de las Nubes que databa de 1987. Han pasado treinta años desde la fecha, han llegado las nuevas tecnologías y gracias a los teléfonos móviles y a las cámaras de fotografía, y especialmente a la aparición de internet, todo el mundo ya puede observar nubes con formas desconocidas y con colores raros, compartiéndolas al instante a través de la red.
Entre todas las nubes que se han bautizado hay una que destaca por encima del resto: los cirrus homogenitus. Por el nombre será difícil que nos las podamos imaginar. Se trata de un tipo de nube que crea el hombre. ¿Cómo? A través de los aviones. Son las estelas de condensación. Debido al aumento del tráfico aéreo en todo el mundo y la implicación que pueden tener en la atmósfera terrestre, ya tienen categoría de nube.
La aparición de las estelas de condensación de los aviones nos da muchas pistas sobre las características de la atmósfera e incluso cómo puede evolucionar el tiempo. Que no veamos estelas es sinónimo de estabilidad. Cuando aparecen, quiere decir que a esa altitud hay mucha humedad o una temperatura muy fría, y el tiempo puede cambiar.
Solo hay una condición que se tiene que cumplir para que una estela sea considerada nube: que aguante diez minutos en el cielo. Si tras el avión la estela sigue ahí, ya estamos viendo una nube.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media -

domingo, 5 de febrero de 2017

La forma más rápida de embarcar en un avión



Cuando tenemos que coger un avión, aunque nos vayamos de vacaciones, todos tenemos prisa. Pero si nosotros tenemos prisa, más aún la tienen las líneas aéreas. Uno de los problemas principales que tienen, y más tarde veremos por qué no quieren solucionarlo, es el enorme tiempo que se tarda en embarcar a los pasajeros.

La mayoría de las compañías aéreas lo hacen desde la cola del avión hasta el morro. Esto nos hace pensar que es el método más efectivo, pero no es así. Seguro que has sufrido detrás de algún pasajero lento, que tarda mil años en subir su maleta o en quitarse el abrigo, y que no te deja acceder a tu asiento que se encuentra en la parte de cola del avión. Esto demora muchísimo el embarque.

¿Cuál es el método más rápido para hacer que los pasajeros entren en el avión y se sienten lo antes posible? Por supuesto, no la forma actual. Sería algo más rápido hacerlo por orden de fila correlativamente de atrás hacia adelante. Aún más rápido sería permitiendo entrar primero a la gente que tiene ventana, luego los que tienen asignado el asiento central y más tarde los que tienen pasillo. Pero... ¿y el más rápido? Curiosamente lo más efectivo y rápido es no asignar asiento a los pasajeros.



¿Por qué no lo hacemos así entonces? Porque las compañías perderían dinero. O mejor dicho, dejarían de ganar tanto dinero como hasta ahora. A día de hoy tenemos compañías que venden asientos con prioridad de entrada. Otras, que desgraciadamente son casi la mayoría, te cobran por escoger asiento. Un buen aliciente económico que no se quiere desaprovechar.

Te adjunto el siguiente vídeo, en inglés, donde se ha calculado el tiempo exacto que cuesta cada uno de los métodos de entrada.    


Fuentes: Vox, Mythbusters

domingo, 15 de enero de 2017

Cómo medir el frío



Estamos a las puertas de la primera gran ola de frío del invierno. Es cierto que hace semanas ya tuvimos un episodio de bajas temperaturas, pero la que se avecina es de las que recuerdan nuestros abuelos. ¿Cómo medimos este frío? ¿Es suficiente con un termómetro? No.
Está claro que el termómetro es el instrumento que utilizamos para medir la temperatura. Antiguamente de mercurio, y ahora ya electrónicos, son el testigo más fiable para saber los grados que hay en el ambiente donde lo tenemos. Pero… ¿es esta la temperatura que nota nuestro cuerpo? La respuesta es no. No son lo mismo los treinta grados de Barcelona en agosto que los mismos treinta en Madrid, así como los cero en Vitoria que en Sevilla en pleno invierno.
El elemento que hace que notemos más o menos frío es el viento. Una suave brisa a tan solo cinco grados puede hacer que la temperatura que sienta nuestro cuerpo sea de cero. Al fin y al cabo lo que nos interesa no es tanto saber cuántos grados hay ahí fuera, sino la temperatura que nosotros sentimos.
Para saber la temperatura de sensación existe una tabla que se denomina “tabla de sensación térmica”. En inglés, “windchill”. Pongamos un ejemplo para estos días venideros. Si estamos de noche en Teruel a quince grados bajo cero y el viento sopla a solo diez kilómetros por hora, la temperatura de sensación que siente el cuerpo es de treinta y dos grados negativos. Una barbaridad.
En verano no se tiene en cuenta el viento, sino la humedad. Así, si estamos un día cálido de julio en Valencia a treinta grados, con una humedad del noventa por ciento, la temperatura se sensación es de cuarenta grados.
Mucho cuidado con el frío que viene porque incluso podríamos superar algunos récords.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media -

domingo, 1 de enero de 2017

La cámara oscura



Como ya conoces mi pasión por la fotografía, hoy me gustaría enseñarte algo que puedes hacer de forma sencilla en tu casa y que dejará a todos tus amigos con la boca abierta. Vamos a convertir nuestra habitación en una cámara oscura.

En la imagen que encabeza el post puedes ver el resultado en mi habitación. ¿Qué se puede ver? Efectivamente, mi habitación. Pero a la vez, puedes observar tanto en la pared, en el techo como en todas las superficies la imagen de la calle. ¡Incluso de los coches! ¿Cómo se hace?

Primero debemos tapar toda la luz que entre en la habitación. Absolutamente toda. El papel de aluminio de la cocina y un poco de cinta aislante serán suficientes. Hay que ir con cuidado ya que no puede entrar ni un solo haz de luz. Una vez a oscuras, hay que realizar un orificio en el papel de aluminio justo en el centro de la ventana. Tiene que ser completamente redondo. ¿Y de qué tamaño? Hay calculadoras en internet como esta que te dan el diámetro que debe tener el agujero (estenopo). Yo lo hice a ojo, haciendo el agujero cada vez más grande hasta que la imagen estaba enfocada en la pared. A mí me salió de 2 centímetros.

En este punto ya veremos algo proyectado en la pared, pero no lo veremos ni en color ni de forma muy nítida. Nuestros ojos tardan mucho tiempo en adaptarse a la oscuridad. ¿La solución? Hacer una fotografía. Hay que situarse cerca de la ventana, colocar el trípode y hacer una fotografía de larga exposición para que la cámara sea capaz de captar toda la luz.

¿Por qué se ve la imagen invertida? Te dejo un gráfico para que lo puedas entender.




Te recomiendo visitar el trabajo de Abelardo Morell en el que suele utilizar esta técnica de forma fascinante.