domingo, 4 de diciembre de 2016

Playas sin arena y lamentos


Ya nos habíamos olvidado de lo que era un temporal de otoño en el Mediterráneo. Las tempestades que hemos vivido estas últimas semanas han vuelto de dejar playas, especialmente las valencianas, sin arena. Todo son lamentos cuando queremos pasear por unas playas que ya no son playas, pero a todos nos encanta vivir en la primera línea de costa.
Vamos a recordar primero qué ocurre en una playa natural en la que el hombre no ha intervenido. Cuando viene un temporal, el fuerte oleaje y la marea se llevan la arena de la playa hacia dentro y la línea de costa retrocede. Días después del temporal, de forma totalmente natural, el mar devuelve la arena que se había llevado de forma paulatina.
Cuando en la costa se empieza a acumular cemento y asfalto en forma de paseos y edificios, el ciclo natural se interrumpe. El mar embravecido de otoño engulle la arena y en la prensa aparecen las fotos de los paseos marítimos lindando directamente con las olas sin arena que los separe. Por mucho que se añada arena, como se hace en la mayoría de los casos, el mar volverá cada otoño a llevarse la parte que le pertoca.
Luego llegan los espigones, esas moles de grandes cubos de cemento y piedras diseñadas para proteger la primera línea de mar, pero que detienen por completo el movimiento natural de las arenas de nuestras playas. Eso sí, lo bonito que es pasear aprovechando la puesta de sol, ¿verdad? Son una atrocidad.
No podemos pretender ir en contra de la naturaleza. Si desviamos el curso de un río para construir una calle, a la que lleguen fuertes lluvias el río volverá a su curso natural arrasando todo lo que se encuentre y llegarán los lamentos. Con el mar pasa lo mismo. Ya podemos gastarnos miles de euros rellenando la playa con arena, que cuando llegue el otoño, los billetes se irán con la fuerza de las olas.
-Artículo publicado originalmente en Europea Media-

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