domingo, 6 de noviembre de 2016

La culpa no es del tiempo


No son días fáciles para los que vivimos en la gran ciudadLos índices de contaminación están por las nubes y la capital, Madrid, ya ha tomado medidas para rebajar estos índices restringiendo el tráfico. Barcelona vive algo parecido. No deja de ser curioso que desde la misma ciudad no vemos la boina de contaminación. La capa anaranjada que nos cubre solo es apreciable desde las afueras.
Habitualmente leemos en la prensa que las condiciones meteorológicas son las que hacen aumentar la concentración de partículas contaminantes. No podemos negar que la afirmación anterior es cierta, pero con matices. Lo que no podemos aceptar de ninguna manera es que la meteorología es la que provoca la contaminación.
Vamos a recordar primero por qué estos días respiramos un aire tan sucio. Estamos bajo la influencia de un anticiclón, que implica altas presiones. La elevada presión que ejerce la atmósfera impide que el aire que está en contacto con el suelo ascienda. Es decir, actúa a modo de tapa de una sartén. Si además tenemos en cuenta que el viento en superficie es bajo o nulo, podemos deducir por qué el aire no se está renovando. ¿Cuándo cambiará esto? En el momento que disminuya la presión, llegue una borrasca o un frente con lluvia, o cuando el viento aumente su intensidad.
El tiempo no es ni mucho menos el responsable de esta situación tan preocupante. Solo nos recuerda de vez en cuando la cantidad de gases que arrojamos al aire, el mismo aire que luego pasa a nuestros pulmones. ¿De quién es la responsabilidad? Lo fácil es culpar al ciudadano, inculcándole que debe utilizar un coche eléctrico o reciclar los envases. Pero la huella de lo que podemos hacer de forma individual es minúscula. La iniciativa la debería haber tomado hace muchos años alguien que lleva corbata.

-Artíclo publicado originalmente en Europea Media-

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