domingo, 9 de octubre de 2016

Hay que contrastar


A los lectores no se les puede engañar. Nunca. Todos tenemos derecho a equivocarnos alguna vez, cosa que podría inducir en una especie de engaño involuntario. Pero quien maneja la pluma de un periódico, quien lleva la batuta de una redacción de informativos, nunca puede engañar a su audiencia. Si lo hace, quebrantará la confianza que hay depositada en él, cuya cicatriz será difícil de disimular en un futuro.
Así como se marcan las reses con el hierro candente, nuestros jóvenes estudiantes reciben en su primer curso de periodismo un consejo que no olvidarán en toda su carrera profesional: la información se tiene que contrastar. Hay que corroborar que todo lo que se está contando es cierto. Tristemente el mundo que se van a encontrar cuando aterricen en una redacción es muy distinto al que se imaginan, y el mero acto de contrastar puede convertirse en una pesadilla con nombre y apellidos: línea editorial.
¿Y en nuestra vida real? ¿Contrastamos las informaciones que nos llegan? La realidad es que no. Muchos de los bulos que circulan por Internet los hemos convertido en parte de nuestras vidas y los damos por válidos. Esto no es algo nuevo. Nuestros antepasados pensaban que la Tierra era plana y que el que era capaz de predecir un eclipse era porque se dedicaba a la brujería.
Hace pocos días cambiamos de estación. Se fue el verano y llegó el otoño. Es lo que se denomina equinoccio de otoño. A todos nos enseñaron en el colegio que este día tenemos el mismo número de horas de luz que de oscuridad. ¿Y si ahora os digo que esto no es cierto? Antes de que empecéis a buscar en Google, os doy la respuesta. El día 22 fue el equinoccio de otoño. Pero el día 25 en la Península Ibérica, y el día 26 en las Islas Canarias, fue exactamente cuando tuvo lugar el equilux, jornada en la que el día y la noche duran exactamente lo mismo.
No hay que volverse locos. Solo contrastar.

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