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domingo, 18 de enero de 2015

Cómo funciona un calendario perpetuo



Uno de los regalos que me ha caído este año por Reyes ha sido un calendario perpetuo. Poca gente sabe de su existencia, así que hoy me gustaría contar qué es y cómo funciona.

Un calendario perpetuo es un artilugio que permite conocer, en un rango de bastantes siglos, el día de la semana para cualquier fecha. Técnicamente no podría llamarse perpetuo porque no es útil para todos los tiempos, pero dado que nuestras vidas son cortas, "casi" lo sería.

Actualmente nos regimos por el calendario gregoriano, que entró en vigor en 1582. Desde entonces, se han creado distintos tipos de calendarios perpetuos, especialmente en formato de tabla, pero no tardaron en llegar instrumentos mecánicos como el que te enseño hoy.

En la siguiente imagen puedes ver este modelo de calendario que abarca desde el 1 de enero de 1600 hasta el 31 de diciembre del año 2799. Tiene dos caras, una con un sol y otra con una luna.



La mejor manera de saber cómo funciona es con un ejemplo. Vamos a comprobar qué día de la semana es hoy, 18 de enero de 2015.

Nos posicionamos en la cara de la luna. Giramos la parte móvil hasta que la rendija coincida con el 15 (porque estamos en 2015). Como estamos en la centuria 20 (2015) miramos cuál es la letra dominical pertinente: D.


Ahora miramos la cara del sol. Hacemos coincidir ENE (de enero) con la letra dominical que hemos conocido antes (D), y en la parte inferior buscamos el día 18. El día 18 está bajo la letra D. Así que hoy es domingo.



Actualmente hay métodos más rápidos y sencillos para saber el día en el que nos encontramos. El teléfono móvil, por ejemplo, te da el día de la semana de cualquier año. Pero con este artilugio uno se pone en la piel de nuestros antepasados y se sorprende de lo listos que eran y de la habilidad que tuvieron para poder crear instrumentos como este. 

martes, 13 de enero de 2015

En el ojo del huracán


Es una de las expresiones más usadas cuando queremos decir que todo el mundo está pendiente de alguien, y no por un buen motivo. Más de una vez, entre compañeros de profesión, hemos debatido sobre si es correcta o no. Lo que está claro es que, entre nosotros, nunca la utilizaremos.

El motivo por el cual esta expresión no sería correcta es porque en el ojo de un huracán no pasa absolutamente nada. El viento está en calma y se ve el sol. Solo se nota una presión atmosférica más baja, algo que el ser humano difícilmente puede notar. Entonces, ¿por qué se sigue utilizando esta expresión?

El principal motivo es que la mayoría de gente piensa que en el centro del huracán es donde el tiempo es más adverso. Otro motivo puede ser que el ojo del huracán es el punto de atención, como si fuera una diana, del que todo el mundo está pendiente.

Para mí lo que más sentido tiene es considerar, que si estás en el ojo del huracán, estás rodeado por la tempestad y no te salvarás de ser engullido en algún momento al moverse dicho huracán. Solo te salvarías si el huracán se quedara estático y perdiendo intensidad gradualmente, algo que sería muy raro.  

Y como toca hacer cada vez que hay una duda, acudo a la RAE (Real Academia Española) y esto es lo que nos informa cuando ponemos “ojo del huracán” en su buscador:

1. Rotura de las nubes que cubren la zona de calma que hay en el vórtice de un ciclón, por la cual suele verse el cielo azul

2. Centro de una situación polémica o conflictiva


Así que como manda la RAE, tocará hacerle caso, aunque científicamente pueda ser incorrecta. 


domingo, 11 de enero de 2015

A toda velocidad


Desgraciadamente el mundo de la aviación está de actualidad. Los últimos accidentes aéreos no han hecho otra cosa que dar malas noticias. Pero ayer el periódico británico The Telegraph se descolgó con una sorprendente noticia en la que la meteorología tiene mucho que ver y en la que, por fin, no hay fallecidos de por medio.

Un Boeing 777 de la compañía British Airways logró hacer la ruta Nueva York - Londres en 5 horas y 16 minutos, cuando lo normal es hacerlo entre 6 y 8 horas. El responsable de esta rapidez fue el viento favorable de cola que el avión se encontró durante su ruta de hasta 322 km/h. De esta manera, el avión pudo cruzar el Atlántico a una velocidad escandalosamente alta: 1.199 km/h. 

The Telegraph

Que el piloto escogiera esa ruta no fue casualidad. Cuando los aviones tienen que recorrer grandes distancias, intentan aprovechar corrientes de aire que hay en la atmósfera a una altitud aproximada de 10 kilómetros. Son los denominados "jet streams" o "corrientes en chorro". Ahí el viento puede llegar a moverse entre los 90 km/h y los 400 km/h. La cantidad de combustible y de tiempo que se puede ahorrar en un viaje transoceánico hace que los aviones se desvíen cientos o miles de kilómetros de lo que sería el camino más recto para aprovechar estas auténticas autopistas atmosféricas. 

Wikipedia

Tanto el hemisferio norte como el hemisferio sur tienen dos corrientes en chorro: una polar y otra subtropical. La presencia de estas se explica debido a la rotación de la Tierra y el calentamiento atmosférico provocado por la radiación solar.

Wikipedia
Este es el motivo por el cual en tus viajes de avión tardes más en hacer el viaje de ida que el de vuelta (o al revés) y que la ruta sea distinta. 


domingo, 4 de enero de 2015

A tocar del Sol


Hoy es un día especial, y no porque los Reyes Magos estén a la vuelta de la esquina, casi cruzando ya los Pirineos. Hoy es el día del año en el que la Tierra y el Sol están en su punto más cercano. Esto en astronomía se denomina perihelio. El día 6 de julio pasará todo lo contrario, estaremos en el punto más alejado, el afelio.

Entre el perihelio y el afelio hay unos 5 millones de kilómetros de diferencia. Quizá no mucho si tenemos en cuenta que la distancia media entre la Tierra y el Sol es de 150 millones de kilómetros, que es justo lo que denominamos unidad astronómica (UA). Exactamente son 149.597.870.700 metros.

No tenemos que confundir el perihelio y el afelio (punto más cercano y más alejado de un cuerpo celeste respecto el Sol) con el perigeo y el apogeo (punto más cercano y más alejado de un cuerpo celeste respecto la Tierra).

Curiosamente en el hemisferio norte es invierno cuando tiene lugar el perihelio. A algunos les cuesta entender que con este frío que estamos pasando estemos ahora en el punto más cercano al Sol. Es la inclinación de los rayos del Sol, y no la distancia hasta él, la que dictamina las temperaturas que tenemos. Cuando en verano los rayos a nuestra latitud nos llegan de un modo más perpendicular, las temperaturas son más altas y, en cambio, la distancia de la Tierra al Sol es más larga.

Si el eje de la Tierra no estuviera inclinado, tendríamos durante todo el año la misma estación. Si quisiéramos disfrutar del invierno, tocaría ir a los polos. Para buscar el verano, al Ecuador, donde los rayos del Sol llegarían perpendiculares. La frase "toca hacer el cambio de armario" dejaría de tener sentido y el Corte Inglés debería cambiar su publicidad