martes, 18 de septiembre de 2012

Y ahora, cuidado con los hierbajos


Por fin dejamos atrás días seguidos de lluvia. Estábamos, sinceramente, hasta el gorro de tanta agua. Siempre nos consuela ver cómo han quedado los verdes valles españoles (como decía el frustrado himno español) y los embalses: listos para sobrevivir todo el verano.

A partir de ahora disfrutaremos de más horas de sol. Muy buena noticia tanto para los coquetos, deseosos de preparar su bronceado estival, como para el campo. Pero conozco a alguien que estará aún más contenta: la mala hierba.

Tras un inicio de primavera relativamente seco, incluso en algunos puntos muy seco, iniciamos un mes de junio con el suelo completamente empapado. Tierra húmeda, sol y calor, es el menú favorito para la mala hierba.

Para los despistados, la mala hierba son esos hierbajos que aparecen de forma asombrosa en cualquier punto del jardín: en la base de un árbol, en el tiesto de los cactus, en el montoncito de mierda que se acumula en la entrada del desagüe… Vaya, que siempre que aparece tienes un sentimiento de odio, de preguntarte: “¿qué diablos haces aquí?”.

Encontrarte con una mala hierba sería equivalente a llegar a tu casa, pensar en los segundos que vas a tardar en tirarte al sofá, poner música y relajarte… y descubrir que tu suegra está esperándote junto a tu novia para cenar todos juntos. Lógicamente, todos tus planes erótico-festivos se van al garete y te dan ganas de volver al trabajo, donde el sufrimiento será mucho menor.

Si ves una mala hierba, con una mano cógela por la base (lo que sería el cuello), aprieta con energía y tira con fuerza para arrancar todas sus raíces. Si ves a tu suegra... piensa en tu novia antes de cometer una barbaridad.  

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