miércoles, 19 de septiembre de 2012

Una buena reflexión infantil


Un alto ejecutivo estaba viajando en un avión. A su lado, una niña. El hombre, que no sabía qué hacer, la miró y le dijo: “¿Quieres hablar? He oído decir que los vuelos parecen menos largos si uno conversa con la persona que tiene al lado”.

La niña, que justo en ese momento acababa de abrir un libro, lo cerró lentamente y dijo con una voz suave: “¿Sobre qué le gustaría hablar?”. “Pues no sé. ¿Qué tal sobre física nuclear?”, contestó el hombre con una pequeña sonrisa.

A la pequeña no le pareció mal la idea, aunque le dijo antes al hombre: “Antes de hablar de física nuclear, una pregunta: un caballo, una vaca y un ciervo comen lo mismo, hierba. Pero el excremento del caballo es duro y grande, el de la vaca es pastoso y el del ciervo son bolitas pequeñas. ¿A qué se deben estas diferencias?".

El hombre, sorprendido, respondió: “Mmm… no tengo ni idea”. A lo cual la delicada y dulce niña contestó: “¿De verdad se siente usted cualificado para discutir sobre física nuclear, cuando no sabe explicar ni las mierdas?”.

La niña volvió a abrir su libro y se puso a leer.



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