miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tu duerme allí. Yo duermo aquí



Toda la gente que me tiene como amigo en el Facebook habrá podido leer el mensaje que aparece junto a mi nombre: “No volveré a ser travieso en lo que queda de año”. Es muy posible que sea la calidad del cava que estoy bebiendo en esta semana de vacaciones en Barcelona o las cajas de barquillos que estoy engullendo, pero es una promesa que cada día que pasa me está costando más cumplir.

Tengo una pregunta para aquellos que duermen acompañados, lo hicieron en su día o lo van a hacer hoy: ¿en qué lado de la cama duermes? ¡Ah! Porque no duermes en el mismo lado en tu cama, en un hotel de carretera, en la cama de tus padres cuando no están o en un motel, ¿verdad? Según las encuestas (serias) el hombre duerme siempre en el sitio más cercano de la puerta.

Resulta que el hombre aún posee un gen de protección. Tendemos a dormir cerca de la puerta, como si de la entrada de una caverna fuera. No lo pensamos, pero nos sentimos incómodos si no lo hacemos así. Necesitamos estar cerca de la entrada del habitáculo para proteger a la familia de la posible invasión por parte de otro homínido o un animal salvaje.

En los restaurantes o bares sucede algo parecido. El hombre necesita tener a la vista la entrada para controlar que no entre algún perturbado y poder reaccionar rápido. No se encuentra cómodo teniendo la entrada a su espalda. Antaño no había bares, o al menos, las excavaciones aún no los han encontrado, pero vuelve a ser evidente la herencia cavernícola que aún conservamos.

Mientras hoy estaba debatiendo este tema con mi familia, todos con una copita en la mano, mi tío ha soltado la mejor frase para cerrar el debate. “Yo no sé si duermo en un lado de la cama o en otro, pero te puedo jurar que siempre tengo la entrada a la vista. No para vigilar que alguien nos quiera matar, sino para evitar que mi mujer se escape”.

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