jueves, 20 de septiembre de 2012

Todo controlado



La cara de la araña saltadora me recuerda al morro de los coches de Rallyes que Carlos Sainz conducía en su época. Alguno de ellos protagonizó esos finales tan sorprendentes y poco deseados.

Un final igual de traumático que le espera a todo insecto que intente acercarse a la araña de la que hoy vamos a hablar, capaz de controlarlo todo gracias a sus enormes cuatro ojos.

Los dos más grandes actúan a modo de gran angular. Los dos laterales son de apoyo y aunque menos sensibles, consiguen captar los objetos que no pueden ver los ojos frontales. En total, el campo visual resultante es de casi 360 grados.

Si tenemos en cuenta que los ojos humanos ven un campo de 180 grados, podemos hacernos una idea de lo controlado que tiene el mundo este bicho.

No como nosotros, que tenemos que armar nuestros coches de espejos retrovisores para observar lo que viene por detrás y corremos el enorme riesgo de desnucarnos cada vez que pasa una rubia por nuestro lado.

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