martes, 18 de septiembre de 2012

Se acabó


Nos quedamos sin verano. Lo tenemos que asumir. Este fin de semana es el último del mes de agosto, el tiempo está revuelto, el lunes la mayoría de gente empieza a trabajar y la tele está inundada nuevamente de anuncios de coleccionables. Pero lo peor de todo es que cada día oscurece más temprano. El otoño está a la vuelta de la esquina.

Durante las próximas semanas es cuando más se notará la disminución de las horas de sol. Si a principios de mes podíamos tomar la cañita a las ocho de la tarde con la presencia de luz natural, ahora ya no es así. Esto nos altera, nos deprime y nos da una extraña sensación de perder el control frente el tozudo movimiento de la Tierra.

El hecho de que oscurezca antes provoca que nuestro cerebro viaje virtualmente al invierno anterior, recordando la sensación del frío, con el abrigo, los guantes y la bufanda. Siempre nos lo pinta más negro de lo que realmente es. Esto nos hunde y hace que nos sentamos mal.

Cuando te sientas así, piensa en las cosas bonitas que nos brinda el invierno. La nieve, las cenas románticas con velas, las interminables tardes de domingo tirado en el sofá, protegido con una manta, viendo la típica película de desgracias, los abrazos que te dan calor…

Si tienes un fin de semana libre y te lo puedes permitir, búscate una casa rural en la montaña cuando haga más frío, y escápate con tu pareja o tus amigos. Busca excursiones que pasen por algún riachuelo, observa los árboles y respira la humedad. Al volver, pon la leña en la chimenea y quédate frente el fuego. Para mí, uno de los mejores planes para disfrutar del invierno. 

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