jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Por qué tantas curvas en las carreteras?


Eso me preguntaba yo de pequeño cuando mi padre conducía su 127 por las curvas de la Costa del Garraf en pleno mes de agosto. El olor a vómito era insoportable. En otras ocasiones, al ver curvas y trayectorias inexplicables en una carretera, me preguntaba si el alcalde le tenía manía a algún vecino dividiendo su finca en dos con el asfalto de un nuevo camino. 

Las curvas del Garraf
La presencia de curvas en las carreteras siempre está justificada. Está claro que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta y también suele ser la más barata. Con excepciones, claro. Una sería el caso de tener que construir un gran puente para cruzar un valle, donde sale más barato bordearlo con giros.

Hay casos donde uno no se explica qué pinta una curva ahí. Si la carretera está hecha así, es por algo. El motivo es bien sencillo: evitar dormirnos al volante. En largas rectas está comprobado que la atención del conductor disminuye debido a la monotonía y se producen más accidentes por salidas de vía y distracciones. La presencia de curvas nos mantiene en constante alerta y despiertos.
La famosa ruta 66 americana
Hay otros casos donde la topografía inevitablemente obliga a crear tramos curvos. Por ejemplo, subiendo a puertos de montaña, bordeando valles, evitando zonas donde el terreno es inestable…

¿La carretera con más curvas?

Hoy en día ya puedes ahorrarte las curvas del Garraf pasando por los túneles de pago. Aunque con el atraco del peaje de la autopista te vuelven a entrar ganas de curvas, aunque vayan acompañadas de vómitos.

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