jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Por qué no nos gusta escuchar nuestra voz?


Imagínate que por un momento, después de escuchar la voz de tu padre durante toda la vida, de un día para otro cambia. Te sonaría raro, ¿verdad? No sé si te acuerdas, pero el doblador al castellano de Homer Simpson falleció hace unos años y su voz cambió de una temporada a otra. Fue también raro, ¿cierto?

Quién no se ha grabado de pequeño en un radiocasete, se ha escuchado y se ha horrorizado al escuchar su timbre de voz. ¿Así de mal suena mi voz? ¿Ese soy yo? Nos sentimos así porque la voz que escuchamos en esos altavoces no es la que escuchamos nosotros cuando hablamos.

El sonido que llega a nuestros oídos cuando hablamos es la suma de las ondas sonoras que emitimos a través de nuestras cuerdas vocales, saliendo por nuestra boca, más el que se genera dentro de nuestra caja torácica. Es decir, oímos dos voces, una exterior (la que escucha la gente que nos rodea) y la que sale de “nuestro interior”.

Cuando nos escuchamos en un radiocasete sólo escuchamos la voz que sale de nuestra boca. Por esta razón, sobre todo los hombres, cuando nos escuchamos la voz nos parece mucho más femenina, mucho más aguda, porque falta el “subwoofer” del interior de nuestro cuerpo.

0 comentarios:

Publicar un comentario