miércoles, 19 de septiembre de 2012

Orión, el guerrero del invierno


La constelación de Orión es, sin duda, una de las favoritas de los aficionados a la astronomía. Fácil de reconocer, no hace falta levantar mucho la cabeza para verla. Únicamente tiene un inconveniente: sólo puede verse durante los meses de más frío del año. Esto provoca que verla, te traiga al recuerdo los trucos universitarios que ponías en práctica para no morir de frío en las sesiones de observación: el Cámping Gas, alcohol, besuqueos… todo valía.

Durante estas próximas noches es cuando empezaremos a ver esta constelación. Se levanta poco a poco desde el este a partir de medianoche. Para los que no son aficionados, reconocerán Orión por la forma de reloj de arena y por las tres estrellas que forman parte de su cinturón.

La estrella más brillante es anaranjada, denominada Betelgeuse. Te suena, ¿verdad? Tiene un tono cálido porque es una estrella muy vieja. Las más jóvenes, como las del resto de la constelación, son blancas o azules. En la parte inferior del cinturón, o del tres en raya, está la nebulosa más fotografiada del cielo: M-42 o Nebulosa de Orión. En cualquier fotografía dirigida a ella, con más de 10 segundos de exposición, se podrá observar el tono rosa de la nebulosa.

Desde el punto de vista mitológico, Orión era hijo de Poseidón (dios del mar) y de Gea (madre tierra). Para poderse casar con Mérope, una joven muy bella, ella le pidió que le demostrara su amor exterminando animales dañinos en una isla. Una vez lo hizo, ella le negó el matrimonio. Con toda su ira, empezó a matar todo animal que se cruzaba en su camino, hasta que topó con un escorpión que le picó mortalmente.

La historia no acaba aquí. Antes de morir, suplicó al todopoderoso Zeus que lo llevara al cielo junto a sus dos perros, Canis Mayor y Canis Minor (sus dos constelaciones colindantes) para que todo joven cazador, cuando mirara al cielo, le recordara como un fuerte, valiente y fiel cazador.

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