jueves, 20 de septiembre de 2012

No todo lo que vemos existe


En la imagen del post de hoy podemos observar la Vía Láctea. Fotografía de larga exposición donde se pueden apreciar estrellas y más estrellas. Algunas pertenecen a nuestra galaxia, otras a galaxias lejanas.

Cuando miramos objetos tan lejanos tenemos que cambiar el chip de la percepción. Lo que vemos no son ya objetos, sino la luz que nos llega de ellos.

Pongamos por ejemplo que dirigimos la mirada hacia la estrella más cerca después del Sol, es decir, Alfa Centauri. Vemos la luz que salió de esta estrella hace 4 años.
 
Si nos vamos más lejos y observamos la Galaxia de Andrómeda, la mayor que se puede ver a través de prismáticos, nos llega a nuestros los ojos la luz que salió de ella hace 2,5 millones de años.

Con la cantidad de objetos celestes que podemos observar durante una noche podemos llegar a la conclusión que lo que vemos ha quedado antiguo. Muchos de esos puntitos brillantes ya no existen. Las estrellas más viejas habrán muerto. Y allí donde ves negro, posiblemente haga millones de años que existe una estrella joven, pero su luz aun no nos ha llegado. 

En el próximo post haremos una pequeña reflexión sobre los viajes en el tiempo. Tiene mucho que ver con lo que te he contado hoy.

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