miércoles, 19 de septiembre de 2012

Miedo a... ¿qué?


Cada día queda menos para la tan deseada época estival. Las visitas en las webs de vuelos baratos están a punto de colapsar los servidores, lo mismo que ocurre cada noche con las páginas de contenido sexual. Somos unos caprichosos y preferimos visitar una ciudad europea a una española, aunque sean igual de bonitas. Como dice la expresión, “el pasto es más verde en el jardín del vecino”. Aunque prefiero la que me dice mi amigo Gómez,  “siempre mea más dorado el que tienes al lado”. A lo que iba. Vamos a perder hoy el miedo a volar. A ver si lo consigo.

El principal motivo que provoca que los viajeros tengamos pánico a los aviones es la posibilidad que vemos de morir. Es una sensación totalmente injustificada producida por la impotencia que sentimos al subirnos a un medio de transporte de espacio reducido, donde no vemos por dónde vamos y cuyo conductor, en este caso piloto, no nos es familiar. 

Diariamente despegan 22.000 vuelos en todo el mundo. Según las estadísticas, se produce un accidente por cada millón de vuelos, con lo cual la posibilidad matemática de que viajes en uno de ellos es prácticamente nula. Cada 45 días aproximadamente se produce un accidente mortal en todo el planeta. El problema es que cuando un avión se estrella, pocos minutos después sale a luz en los noticieros de todo el mundo y nos hacemos eco rápidamente. 

Ahora toca comparar este tipo de transporte con otros más habituales que no nos dan tanto miedo pero que son mucho más peligrosos. Es el caso del coche. Cada día, en todo el planeta, fallecen aproximadamente 5.000 personas. En España, en un fin de semana lo suelen hacer unas 40. Así que cuando vayas a tomar un avión, el auténtico peligro está cuando vas en coche, no cuando te subes a la aeronave.

Volvamos al avión. Para no sufrir ataques de pánico hay muchos consejos. El primero: volar acompañado. Alguien a quien poder dar la mano en caso de pasar por un apuro y con quien hablar y distraerse. A poder ser, que no sea un dormilón.  Si es la primera vez que se toma el avión, es mucho mejor hacerlo con alguien experimentado, que mantenga la calma y no se altere ante turbulencias.

Hay otros trucos para perder el pánico a volar. Debemos olvidar las catástrofes que hemos visto en el cine. Allí todo se exagera. La informática del avión avisará siempre ante cualquier fallo en el aparato. Y algo que personalmente me relajaba mucho es pensar en el piloto. Un profesional, pero también una persona con una familia a sus espaldas. Alguien que seguro hará todo lo posible para evitar un accidente.

La actitud dentro del avión es vital. Ponte a leer, escucha música, mírale el trasero a las azafatas, piensa en el atractivo del piloto... lo que sea, antes que pensar en que el avión puede caerse. Esto no va a ocurrir. Al principio es preferible situarse lejos de las ventanas hasta que no se pierda el miedo a volar. Dirígete el aire frío a la cabeza y respira hondo para no marearte, y sobre todo, piensa en otras cosas que no sean volar o el avión. Por ejemplo, puedes planificar lo que harás cuando llegues a tu ciudad destino.

Pero nunca te metas el dedo en la nariz. En un semáforo quizá sólo pueda verte el conductor que tienes al lado, pero en el avión lo harán todas las filas que tiene detrás.

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