martes, 18 de septiembre de 2012

Luces de neón


El ser humano no deja de ser un animal. Cuando oímos una explosión, tenemos miedo. Cuando vemos a alguien guapo, nos fijamos en él. Cuando olemos a comida, no paramos hasta que la encontramos. Y cuando conducimos por la carretera de noche y vemos unas luces de neón, se nos va la mirada, y algo más.

Las luces de neón tienen forma tubular, con electrodos en los extremos. Contienen gas en su interior, que suele ser argón o neón. En el momento en que se inyecta electricidad, se crea un flujo de corriente dentro del tubo que provoca colisiones entre las cargas de las moléculas del gas, que incluso rebotan con las paredes del tubo. De estas colisiones, se desprenden fotones de forma constante, y así se consigue una iluminación continua y muy brillante.

Su poder de atracción es impresionante debido a la intensidad de la luz y a que los tubos pueden adquirir formas, incluso escribir palabras. Por cierto, la palabra más repetida dibujada con neones es Club. Lo que se debe mantener es una continuidad, es decir, el tubo no puede cortarse nunca. Si es así, se debe poner otro tubo, con otros dos electrodos en sus extremos.

Si además la corriente eléctrica que se suministra es intermitente, el gas se excita y se desexcita constantemente, dando lugar a parpadeos. Gran peligro para los conductores masculinos... sobretodo si las luces dibujan unas piernas y simulan moverse a lo Can-can.  

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