martes, 18 de septiembre de 2012

Los días son sinuosos

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Ahora somos más felices, no me digas que no. Entre el cambio de hora y que poco a poco tenemos más horas de luz el día se nos alarga. Lo notamos sobre todo al salir del trabajo, levantando la mirada y viendo cómo aún no se ven las estrellas, sino el azul volviéndose oscuro lentamente. Además la temperatura más agradable nos trae los dulces recuerdos del verano: la cañita al salir del trabajo, la terracita frente la playa comiendo unas bravas o pulpo a la gallega.

Durante los próximos días notaremos más aún como las horas de luz aumentan. Estamos en uno de los dos periodos anuales donde más varían los minutos de sol de una jornada a la siguiente. Si representamos en un gráfico cómo evolucionan las horas de luz durante el año obtendríamos un gráfico sinusoidal como una ola, con un máximo y un mínimo. Sería muy parecida a la representación gráfica del seno de un ángulo (no del seno que llamamos “teta”, aunque también tiene una forma sinuosa).

Volvamos al tema, que nos despistamos. Para analizar las horas de luz durante el año nos subiremos a una montaña rusa donde el recorrido siempre es mismo: subida, bajada, subida, bajada… El punto más elevado es el momento donde más horas de luz tenemos (en verano) y el punto más bajo cuando menos luz hay (invierno). En los tramos intermedios el cambio de altura por unidad de tiempo será mayor que cuando se acerca a los extremos. Lo mismo ocurre con las horas de sol. Durante el verano y el invierno las horas de luz varían muy poco. En otoño y primavera el cambio es más brusco.

Y es que la matemática y la vida van cogidas de la mano. La vida es una constante de altibajos. A veces se está en lo más alto y a veces en lo más bajo. Hay quien siempre está en la cresta de la ola y otros que permanecen en el más profundo de los pozos. ¡Ah! Y todo lo que sube, baja, por cierto.

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