miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las bolas del oeste


Esta mañana, como es habitual, he tenido que darme prisa para no llegar tarde a la tele. En el sprint por el pasillo me he dado cuenta de que tenemos el piso hecho un desastre: bolas de pelusa rodando tras mi rebufo. A la cabeza me han venido esas famosas bolas del oeste que tanto hemos visto en las películas.

Estas bolas que no paran de cruzar las infinitas carreteras americanas no son rastrojos, como la mayoría pensamos. Son plantas enteras. Se denominan barrillas o estepicursores y no son más que unos arbustos enanos y redondos.

 La característica principal es que su tallo se rompe en otoño. El resto lo hace el viento. Durante meses pueden campar a las órdenes del dios Eolo recorriendo quilómetros y quilómetros de distancia hasta que se secan y poco a poco se van desintegrando. Durante este periodo, van esparciendo sus semillas a lo loco.

Da la casualidad de que la existencia de este tipo de arbusto coincide en esos puntos donde el viento suele soplar con fuerza. Así, uno de los lugares de España donde se pueden ver con más facilidad es en las Islas Canarias, sometidas siempre a un régimen de viento constante.

Creo que empieza a ser necesario replantear el cuadro de limpieza del piso. Hasta ahora el baño, la cocina y el salón se limpiaban de forma rotativa. Deberíamos ir pensando en incluir el pasillo, porque si no los estepicursores de polvo se nos van a comer un día de estos.


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