jueves, 20 de septiembre de 2012

La generación del pulgar y la evolución humana


Si hablamos de manos grandes y fuertes seguro que te vienen a la cabeza tus familiares del pueblo. En mi caso, recuerdo las de mi abuelo y mi padre. Dedos grandes y duros, muy duros. Piel de papel de lija, castigada por el sol, uñas rotas, durezas y sobre todo fuerza, mucha fuerza tenían esos dedos. Miles de horas de labranza en el campo, en la fábrica, en la obra, en el taller...

Ahora las nuevas generaciones, salvo algunos casos, ya no cumplimos estas características. No es que seamos peores, sino que los tiempos han cambiado. Ya no necesitamos esas manos. Las nuestras son más pequeñas, las hidratamos y además mimamos las uñas.

La ventaja que tenemos es que nuestros dedos son mucho ágiles. Especialmente los pulgares. Si este cambio en nuestra anatomía ha tenido lugar en apenas medio siglo… ¿qué pasará dentro de diez generaciones?

El que te escribe ahora mismo también forma parte de la denominada “generación del pulgar”, término con el que bautizó esta generación la escritora y filósofa Sadie Plant, directora de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Horas de entrenamiento en consolas y miles de caracteres escritos desde nuestros teléfonos móviles han convertido a nuestros pulgares en auténticos instrumentos de precisión.

Este cambio también afecta al cerebro. Se crean más conexiones neuronales para poder llevar el control de los dedos. ¿Estamos creando una generación más inteligente? Dale el móvil a un niño pequeño y verás cómo lo maneja. Hasta en Japón los menores de 25 años se hacen denominar “la tribu del pulgar”.

Como todo no podía ser bueno, se deben tener en cuenta las lesiones musculares y las atrofias producidas por un uso abusivo de nuestros dedos. Más complicado es el tema de insomnio, la tensión o la dependencia que se crea con tanto aparato electrónico.

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