martes, 18 de septiembre de 2012

La física del pedo


8:50 de la mañana. 5ºC de temperatura en el exterior (frío). Montserrat Domínguez en la radio del coche. De repente mi compañero, con una suave sonrisa en la cara, me pide permiso para bajar la ventanilla del coche cuando ya la tiene prácticamente bajada. El delito ya estaba cometido.

El pedo es un fenómeno altamente interesante desde el punto de vista físico. Son 2 los factores básicos a estudiar: su sonoridad y su olor.

El sonido del pedo depende de varios factores. La presión que ejercen las paredes del recto en el momento de la ejecución dicta la velocidad de expulsión del gas. El diámetro de la abertura anal regula el flujo de ventosidad expulsada (volumen por unidad de tiempo). La modulación del sonido se acaba de perfeccionar en las paredes de las popularmente conocidas como “mejillas del culo”, que regulan el tono final del pedo. Imagínate que tienes un globo hinchado. Si dejas que se deshinche, tensando el globo por los lados del cuello, tendrías el mismo efecto que el pedo humano.

El olor del pedo es debido a su composición. Metano, sulfuro de hidrógeno y azufre nos delatan, y depende directamente de nuestra dieta. Es incoloro pero altamente inflamable.

En física muchas veces para entender los fenómenos se buscan los límites (superior e inferior), también en matemática. En este caso los dos extremos serían altamente peligrosos. Presión elevada, diámetro pequeño y mejillas juntas garantizan un buen trompetazo. Presión elevada, diámetro grande y mejillas separadas pueden provocar la muerte de tu compañero de ascensor de forma silenciosa.

Casi un litro de pedo es lo que soltamos los humanos al día. Un eructo no es un pedo que cogió el ascensor, como habitualmente se dice. Son gases distintos. La presión y la contracción de los intestinos hace que si nos aguantamos un pedo, por mucho que deseemos que lo absorba el cuerpo, la cosa vuelva a bajar.

En las próximas semanas veremos cómo huir de un pedo propio, que tiene su secreto físico, y el porqué de la coloración azulada y amarillenta de su combustión. Y por mucho que mires hacia arriba, silbes, soples hacia la zona radioactiva, el pedo está allí, delatándote.

Y tú, ¿dónde te tiraste el último pedo?

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