martes, 18 de septiembre de 2012

Houston, tenemos un marrón



Siento de nuevo hacer hincapié en un tema escatológico, pero la actualidad me obliga a hacerlo. La noticia se lo merece: “El retrete de la Estación Espacial Internacional (ISS) ha estado una semana averiado”.

Esta noticia me plantea muchas preguntas. La primera, y quizá la más importante: ¿a quién se le averió el wáter por primera vez? ¿Por qué? ¿Cómo se dio cuenta? Lo peor de todo es que el pobre astronauta afectado no pudo salir corriendo hacia otro retrete porque no hay gravedad. Y si la avería se hubiera producido sin estar ningún astronauta presente, ¿cómo se dieron cuenta? ¿Empezaron las heces y los orines a levitar, paseándose dentro de la nave?

Dejando estas preguntas aparte, los astronautas tuvieron mucha suerte. Durante la reparación del inodoro pudieron utilizar el que tiene la nave Soyuz acoplada a la estación. El motivo real de la avería fue un atasco y tardaron nada más y nada menos que 7 días en solucionarlo. Teniendo en cuenta que ese retrete tiene 7 años de vida y que ya dejó de funcionar una vez, es para planteárselo.

El funcionamiento de un retrete espacial es de lo más moderno. Los líquidos (agua y orines) son reciclados gracias a un sistema de centrifugado que recupera casi el 95% del agua. Las partes más sólidas (heces), después de ser deshidratadas, pasan a formar parte de los desechos sólidos de la nave.

No en vano, la inversión en retretes por parte de la Nasa ha sido millonaria. El próximo inodoro se instalará en otoño y ha costado más de 20 millones de dólares. Con tal despilfarro de dinero sólo nos queda esperar que los astronautas estén cómodos en el nuevo retrete. La pena es que no tengan la prensa diaria mientras…

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