miércoles, 19 de septiembre de 2012

Hijo, ¿qué tiempo te está haciendo?


Como habréis podido comprobar, he estado unos días ausente. Necesitaba un poco de descanso lejos del asfalto madrileño. Un poco de aire porque me espera un buen trote de días seguidos de trabajo. Al final, el aire que necesitaba se convirtió en felicidad y copas de vino. Ha estado genial, os lo aseguro. Lo que dan de sí algunos rincones de nuestro país.

Durante este período de tiempo he hablado más de una vez con mi madre por teléfono. Mi atenta madre. Como siempre, más preocupada por el tiempo que me hacía que por saber si tenía cagarrinas por el cambio de aguas. ¡Cómo son las madres!

“¿Te está haciendo bueno, hijo?” Es una pregunta que nunca lograré entender. Quizá es mi profesión la que me hace ver la meteorología como algo que no es ni bueno ni malo, sino el que es. En realidad, el buen tiempo sería alternar la lluvia con el sol, pero que se lo digan al señor alemán que viaja a las Baleares a tostarse como una gamba, a ver qué le parece un día frío y lluvioso mallorquín. Se le mojarían los calcetines y las sandalias.

Durante estos días mi chica, durante una cena, me planteó la posibilidad de que se pusiera de moda estar blanco. Los morenos lo pasarían fatal porque no podrían ponerse blancos, y los blancos ya no necesitarían tomar el sol para ponerse morenos. Le contesté que cambiaría el turismo. Las zonas de playa perderían visitantes. La respuesta fue rotunda: “No lo creo. Nos pondríamos crema protectora extrema, pero seguiríamos yendo a la playa y bañándonos en el mar”. Tiene toda la razón. Nos va el masoquismo, incluso en vacaciones. 

¿Qué le aporta a mi madre saber si tengo o no buen tiempo? ¿Se va a preocupar si me llueve? No. Entonces, ¿por qué me lo pregunta? ¿Para contárselo a mi tía? Me da igual. Lo importante es que mi madre piensa en mí. ¡Cómo la quiero!

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