martes, 18 de septiembre de 2012

Fórmula 1, ambulancias y multas de tráfico


 Ya estamos en Madrid. Sí, la hemos liado estos días en Barcelona viendo la Fórmula 1, pero ni tuvimos que llamar a ninguna ambulancia por comas etílicos (vaya, por poco) ni nos pusieron ninguna multa por conducir demasiado rápido por las carreteras catalanas saturadas de radares. Hemos convivido estos 3 días con Doppler. No es nuestra mascota. Es un efecto físico.
 Si estamos quietos y vemos pasar un Fórmula 1 delante de nuestras narices el sonido cambia por momentos. Cuando se está acercando parece cada vez más agudo y cuando se aleja, más grave. Lo mismo ocurre con la sirena de una ambulancia. El famoso “ni-no” de la ambulancia se convierte en “ne-nu” cuando se aleja”. Este fenómeno se denomina “efecto Doppler”.

Se produce cuando la fuente de ondas (emisor) y el observador están en movimiento relativo (uno se mueve respecto el otro). La frecuencia de las ondas observadas es distinta a la frecuencia de las emitidas. Las ondas sonoras son esféricas y la distancia que las separa es variable: cuando el emisor avanza hacia el observador la distancia entre ondas se reduce (como un acordeón). Es ahí cuando disminuye la longitud de onda, y a la vez aumenta la frecuencia (sonido más agudo). Al revés ocurre cuando se aleja.

Los radares de las carreteras funcionan gracias al efecto Doppler. El radar lanza una onda electromagnética que impacta contra el vehículo y retorna hacia el radar con otra frecuencia dependiendo de la velocidad del vehículo. Y… ¡pam! Nos han pillado.

Por todos es conocido también el efecto Doppler del matrimonio. Cuando sales con tu pareja, quedas con amigos comunes, haces proyectos, creas ilusiones, vas de viaje y te mueves mucho, hay mogollón de sexo. A la que te vas a vivir con ella disminuye la frecuencia del sexo y se hace todo más grave.


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