jueves, 20 de septiembre de 2012

Entre chien et loup


El tema de hoy, a diferencia de lo que podrías pensar, no tiene nada que ver con el mundo animal. “Entre chien et loup”, o lo que es lo mismo, “entre perro y lobo”, es la forma precisa que ha sabido escoger el francés, siempre poético y romántico, para denominar el tipo de luz que nos brinda el cielo poco después del atardecer.Es un tono muy especial. Un azul que no quiere serlo. Un negro que no quiere oscurecer.

La primera vez que aparece esta expresión es en un escrito del siglo XIII. Y la forma que tiene de describir el tipo de luz es tenebroso: “es el momento en el que el hombre no puede distinguir un perro de un lobo”. Situación donde nunca gustaría encontrarte. “El perro simboliza el día y nos puede guiar. El lobo simboliza la noche y representa una pesadilla y una amenaza para el hombre”. Las sombras que se producen a esas horas son las que no nos permiten diferenciar ambos animales.

Es una luz especial para cualquier fotógrafo, y muy agradecida. Permite retratar el alumbrado público, mientras el cielo sigue con un suave resplandor. No hace falta ser un gran experto para acertar con este tipo de fotografía. No se trata de un azul que tenemos durante el día. Tampoco un rojo típico del atardecer. Ni siquiera el negro absoluto de la noche. Es un término medio que dura muy pocos minutos.

Desde el punto de vista óptico el tono que adquiere el cielo en ese momento tiene una explicación. En ese momento el sol aun está iluminando parte de nuestro cielo con un ángulo especial. Una parte de sus rayos, tras dispersarse dentro de las gotitas de agua de la atmósfera, rebota hacia el suelo. Y lo hacen sobretodo las longitudes de onda cortas, que son las violetas. Por esa razón vemos el cielo de este color.

 Es la mejor forma de despedir el día, sin duda, y a eso los franceses también le han puesto nombre: “a la tombée du jour”, o “en la caída del día”.

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