martes, 18 de septiembre de 2012

En la cresta de la ola


¡Qué fresco hacía esta mañana! Y yo con manga corta. Esto ha provocado que realizara una pequeña reflexión: ¿se nos acaba el verano? Además, la pasada noche nevó en las cotas más altas de los Pirineos. Debemos ser realistas. Estamos ya a mitad de agosto y en 15 días llega el mes de septiembre. Aprovechemos lo que queda de verano… ¡que nos lo quitan de las manos! 

Hoy quiero hablarte de las olas. Siguen siendo unas desconocidas por la mayoría de nosotros, como todo lo que tiene que ver con el mar. De hecho, se conoce mucho más de la superficie de la luna que del fondo del mar.

Las olas son causadas principalmente por el viento. La fuerza del aire perturba la forma lisa de la superficie del mar, que, poco a poco, va rizándose y ganando energía. Las mejores condiciones para que se produzca una buena ola es una velocidad del viento fuerte, constante y del mismo sentido. La forma que adquiere su movimiento es el típico de una onda mecánica, como si en una cuerda moviéramos uno de sus extremos.

Al llegar a la costa empiezan a disiparse. Cuando se encuentran con el suelo arenoso ven reducida la profundidad de agua. Por eso cuando se acercan a la playa parece que quieran “salir” del agua. Y allí rompen y mueren.

Nosotros no lo tenemos muy bien para disfrutar del surf, sólo en algunos puntos del Cantábrico y en las Canarias. Las mejores olas del mundo se encuentran en Huntington Beach, en la costa de California. Allí se disputa el Open USA de surf, el torneo más importante del mundo, con olas tan altas como los edificios de nuestra ciudad.

Pero la mejor ola de todas… la de Rocío Jurado. “¡¡¡Comoooo una oooolaaaaa...!!!” ¡Jejeje!

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