miércoles, 19 de septiembre de 2012

El sonrojo de la timidez


Quería ya hace días escribir sobre este intrigante tema, pero al ser tan tímido, no me veía capaz de hacerlo. Uno es vergonzoso y me he decidido, por fin, a salir del cascarón para contártelo. Y precisamente sobre la timidez toca hablar hoy.

En muchas ocasiones el ser humano se encuentra antes situaciones incómodas donde salir corriendo parece ser la mejor vía de escape. Reacciones extrañas las que nuestro cuerpo experimenta cuando nos sueltan un piropo, vamos a confesar nuestro amor… Ocasiones donde el corazón se pone a mil y nos sonrojamos poseídos por una abrumadora timidez. Este sonrojo tiene una explicación que hoy vamos a conocer.

Si alguna vez te has encontrado en una situación así de embarazosa, habrás notado cómo se te suben los colores. Todo ese aumento de temperatura que sufrirás en las mejillas y en las orejas tiene que ver con el aumento del ritmo cardíaco. Activado, como es habitual, por el corazón. Reacción automática que nuestro cuerpo, de forma inteligente, provoca para poder obtener energía suficiente ante una inminente situación de peligro.

Con este aumento súbito del ritmo cardíaco nuestra temperatura aumenta de forma excesiva y peligrosa, y la única manera de refrigerar el cuerpo es desplazar la mayor cantidad de sangre posible hacia zonas llenas de vasos sanguíneos que estén en directo contacto con el aire: cara y orejas, que se vuelven rojizas por el color de la sangre (el resto de partes del cuerpo suele estar recubierto de ropa y allí la piel no puede refrigerarse).

Obviamente esta reacción es una herencia de nuestro pasado, cuando el hombre, ante el peligro que podía suponer el ataque de un animal peligroso o un enemigo, debía almacenar suficiente energía en poco tiempo para poder salir corriendo en un momento u otro. No quiero decir con esto que el ser humano sea hoy en día un animal. Tiene mucho que ver, eso sí, con nuestro instinto. Y si nos ponemos a pensar, no somos más que unos simples animales, aunque un poco más evolucionados que el resto.

Generar tanto calor ante una situación de estrés es absolutamente normal. Otra cosa es que lo podamos controlar. De esta compleja cadena de reacciones extrañas que experimentamos también suele añadirse la sudoración. Uno, que es un poco raro, le sucede justamente lo contrario: le entran temblores. Lo peor que puede suceder es dejarse rebasar por este tipo de situaciones. Con un poco de suerte la persona que tenemos enfrente, si no tiene maldad, se dará cuenta de que lo estamos pasando mal y nos pondrá las cosas un poco más fáciles. Especialmente si es ante una situación de enamoramiento, una de las ocasiones donde se pasa realmente peor.

Garantizar una buena reserva de energía es el objetivo de todas estas reacciones. Una preparación del cuerpo para poder echar a huir al instante. Si te encuentras en una situación así y no sabes salir de ella, tómate tu tiempo. Y si no te ves capaz, cuéntaselo a quien tienes delante. Lo peor que puedes hacer es escaparte. Una solución que poco te recomiendo. Zigzagueando la timidez puedes llegar a perderte cosas realmente interesantes.

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