martes, 18 de septiembre de 2012

El puente bailante


Hace unos días te hablé de la resonancia. Acabé el post de las zapatillas de baloncesto indicando el peligro que supone para la estructura de un puente que un grupo de personas caminen sobre él al mismo compás. Hoy te traigo un documento gráfico sobre otro agente que puede causar resonancia: el viento.

Como ejemplo, os he adjuntado el vídeo del puente de Tacoma Narrows, en Washington. Tenía 1600 metros de longitud y su estructura parecía a prueba de catástrofes. Sus arquitectos diseñaron el puente para poder resistir acciones estáticas de hasta 245 Kg/m. Es decir, si un huracán o un terremoto provocara una presión de 245 Kilos por cada metro de estructura, el puente apenas lo notaría. 

El 7 de noviembre de 1940 empezó a soplar el viento de forma violenta, aunque la presión ejercida sobre el puente era únicamente de 25 kg/m. De forma sorprendente, el puente empezó a tambalearse de un lado para otro, como si de plástico fuera. Esa velocidad del viento era especial, un punto débil para la estructura, porque el puente estaba diseñado para soportar mucho más. 

Este fenómeno se denomina flutter o flameo, un colapso provocado por una vibración constante, un tipo especial de resonancia. A partir de ese suceso se estudió más a fondo la estructura y la resistencia de los puentes largos. 

Y para acabar, dos datos curiosos. El primero se refiere a las víctimas mortales provocadas por la caída del puente: ninguna. El segundo hace referencia a la naturaleza del asfalto. Tras ver las imágenes, ahora podrás entender por qué en física se considera el asfalto como un material líquido. 

0 comentarios:

Publicar un comentario