miércoles, 19 de septiembre de 2012

El poder del perfume


Nuestro primer contacto con todo lo que nos rodea es a través de los ojos. Lo que vemos, está. Lo que no vemos, no está. Así de sencillo. Por esta razón, de todos los sentidos, no es la vista el que más me gusta. Es el olfato. Capaz de captar lo que no se ve. Con sólo una invisible fragancia desencadenar estímulos que pueden llegar a subirnos a las nubes. Es el sentido que con menos, más nos hace sentir.

Crear un perfume no es tarea fácil. Mucho ha cambiado desde los primeros Egipcios que rociaban a sus mujeres con aromas para que olieran bien. La volatilidad es fundamental. Es la característica física que nos describe en qué grado un líquido se convierte en gas proporcionando olor. Podemos tener un perfume muy volátil, que huela mucho y sea muy bueno, pero que dure poco. Esto no sirve. Debe ser persistente a la vez. Aguantar. Fijarse en la piel durante horas. 

También se debe de tener en cuenta que el ser humano no percibe el olor todo a la vez. Nuestros receptores sensitivos primero reciben los aromas más volátiles, que suelen ser los frutales y los ácidos.  Pero cuidado. Un perfume fresco, afrutado, muy volátil, va a tendir a desaparecer antes de nuestra piel que uno cálido, que no desprenderá tanto aroma pero sí nos aguantará más.

Y algo que los hombres nunca acabamos de entender. Qué diferencia un eau de toilette de un eau de parfum o del agua de colonia. En realidad, es muy sencillo. Todo depende de su porcentaje en componentes clave como los alcoholes, los éteres o los acetatos. El resto es añadido que le da cuerpo al perfume. El perfume propiamente dicho tiene una concentración de entre el 15% y el 40%. El agua de perfume u eau de parfum, entre un 7% y un 15%. El eau de toilette o agua de tocador, entre un 1% y un 7%.  Las colonias están siempre por debajo del 5%.

Los expertos en perfumería dicen una cosa que me encanta escuchar: “la composición de un perfume se rige por unas normas básicas que tienen por objeto estructurar el perfume de forma que la percepción de los olores sea ordenada y equilibrada, de tal manera que las sensaciones olfativas que percibimos constituyan un goce estético a nivel olfativo”. Todo poesía y muy bonito, ¿verdad? Como si lo dijera un tipo vestido con traje y guantes blancos sujetando el mejor perfume.

El perfume es más que una mezcla química. Una pócima que tiene el poder de seducirnos a través de nuestra nariz. Recordarnos lo más bello como si lo tuviéramos delante. No es necesario verlo, ni tocarlo, ni escucharlo, ni sentirlo… el olfato se encarga de hacernos ver, tocar, escuchar y sentir eso que tanto nos hace perder la cabeza y que tanto queremos.

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