martes, 18 de septiembre de 2012

Dejemos a las vacas en paz




El mundo se está volviendo loco, y los japoneses, aun más. Ahora no se les ha ocurrido otra cosa que ponerse a estudiar los excrementos de vaca, de los cuales han podido extraer esencia de vainilla. Desde aquí hago un llamamiento a la sociedad para que dejemos de una vez a las vacas en paz.

A las pobres les estamos martirizando sacando día sí, día también, la cantidad de metano que sueltan al día. Cada dos por tres se ven afectadas por la enfermedad de las vacas locas. Y ahora nos pirra la vainilla de sus heces... ¿No hay otros animales en el mundo para poder molestar?

Son unos animales que no hacen daño a nadie y se pasean libremente por nuestros campos, comiéndose la hierba y abonándola a la vez. Y nosotros, lejos de agradecerlo, cada día les chupamos de sus enormes pezones litros y litros de leche. Les damos de comer algo que nunca comeríamos nosotros. Andando entre sus propias heces, les obligamos a compartir chalet con centenares de vacas, mostrando sus mamas sin ninguna intimidad. Y ya sólo faltaban unos descerebrados que decidieron pintar una de color violeta para anunciar una marca de chocolate.

Además, a la gente con sobrepeso les llamamos vacas. ¡Como si las vacas tuvieran sobrepeso! ¿Y el miedo injustificado que les tenemos? Tu mismo puedes hacer la prueba. Cuando estés en la montaña y te encuentres con un conjunto de ellas, inténtate acercar y verás qué ocurre. ¡Se van corriendo! Y si tienen hambre y entran en un pueblo, tal y como hicieron hace unas semanas en un pueblo de Granada, se arma un cristo de cuidado. Como si ellas fueran armadas con un rifle, llamando a cada puerta reclamando comida a los aldeanos.

En fin... pobres vacas... si a nosotros cuando nos ponen los cuernos una vez nos duele tanto, imagínate pobres animales que las llevan todo el santo día. Ya que hay días internacionales para cualquier tontería, propongo el día internacional de la vaca. ¡Muuuu!

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