miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cazadores, setas y osos


Nunca debemos pasar por alto los sabios comentarios de nuestras abuelas. La mía, ya me advirtió hace tiempo que la obsesión que nos ha entrado a los de ciudad por ir a buscar setas al bosque no podía ser buena: “Este año, entre los boletaires (recolectores de setas) y los cazadores habrá alboroto”. Yo le respondí: “Abuela, ahora a esto se le llama “liarse parda”. Y tanto que se lió. Ahora sólo faltaba el ataque de un oso. ¡Ahhh! ¡El bosque está de moda!

Hasta hace apenas dos semanas la auténtica Rambla de Catalunya no estaba en el centro de Barcelona, sino en pleno monte. Coches amontonados en las cunetas de los estrechos caminos, mucho griterío cual patio de colegio y basura, mucha basura. Esta invasión era hasta ahora justificada como “el bosque es de todos”, hasta que hemos sabido que en Catalunya los bosques no son públicos, sino que tienen propietarios privados. El próximo paso será vallar las parcelas. De hecho, ya las hay. Que se lo pregunten al conejo, a la liebre o al jabalí.

A esta colonización del bosque sólo le faltaba el famoso ser con camiseta a cuadros, brazos enormes y una escopeta. La temporada de caza ya ha empezado y la presencia del cazador en el monte se ha solapado con la de los boletaires durante las dos semanas que el tiempo ha sido benévolo. Más de un perdigonazo en el culo se habrá llevado algún cazador de setas durante estos días. Como anécdota, comentar que mientras los cazadores deben llevar chaleco reflectante para no ser confundidos con un animal, los boletaires suelen llevar ropa oscura y se agachan tras los arbustos como haría un jabalí. Un blanco perfecto y una tentación para la escopeta.

A este cúmulo de despropósitos sólo le faltaba la aparición de la famosa osa, llamada Hvala, que presuntamente atacó a un cazador. Sospechoso, ya que el oso, con sus genes de miles de años, sabe que debe huir del hombre. Mucha risa me produjo la declaración que hizo un vecino de la zona que se encontró un día con un oso: “me acerqué porque no me lo podía creer, y efectivamente, el oso estaba devorando a una oveja. A la que nos cruzamos la mirada, el oso salió corriendo montaña abajo, y yo en sentido contrario”.  

Suerte que por fin el tiempo ha hecho bajar las temperaturas y un manto de nieve cubre el monte catalán. ¡Qué sabia la naturaleza! Siempre pone las cosas en su sitio. Boletaires aficionados en casa, el oso hibernando y los cazadores muertos de frío.

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