miércoles, 19 de septiembre de 2012

A soplar el caldo


Hoy es Navidad y en casa ya tenemos la Escudella catalana lista. ¡Qué engorro es comer sopa cuando está hirviendo! Santa paciencia toca tener para esperar que se enfríe… y para evitar las rachas de viento huracanadas provenientes del otro lado de la mesa. “¡Deja de soplar, mujer!”, típica frase que suelta mi padre a mi madre cada Navidad.

 Para provocar que la sopa se enfríe hay muchos trucos. El más fácil, pero no operativo, sería ir cambiando de plato el líquido. Como esto no es siempre posible, hay otros trucos. Podemos añadir un cubito de hielo. No es más que una pequeña porción de agua, apenas se notará en el sabor y la temperatura bajará. Si uno se encuentra en una comida de compromiso, el único remedio es, tras esperar unos cinco minutos (ver post Ahorra tiempo en tu primer café) poner la cuchara dentro del plato y dejarla unos minutos.

Soplar la sopa es de mala educación. Mucho más si levantamos la cuchara y soplamos hacia ella. El comensal que tenemos en frente nos pondrá mala cara. Cuando nadie nos vea, debemos cerrar los labios como si fuéramos a silbar, y soplar hacia el plato.

De esta manera, estamos provocando una renovación del aire que hay en la parte superior de la sopa y el calor se podrá disipar antes. A esto se le denomina convección forzada. Además, cuando soplamos con la boca casi cerrada, el aire que sale de nuestra boca no está a 36 grados como podríamos esperar. Cuando el aire abandona nuestros labios, se expansiona. Este proceso hace disminuir su temperatura. Es el efecto Joule-Thomson. Con la renovación del aire y la inyección de una pequeña brisa fría, la temperatura de la sopa bajará rápidamente.

¡Ah! Podemos relacionar el post de hoy con el anterior. Cuando soplamos a alguien al cuello desde su espalda y no se lo espera, reacciona de forma violenta al sentirse amenazado. El aire que recibe es frío y afecta a una zona llena de arterias, donde los animales suelen morder para matar. Esto cambia radicalmente cuando la persona sabe que se lo vas a hacer y está relajada. El instinto que se despierta es otro más apasionante.


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