¿Por qué hay fruta de tantos colores?

Detrás de los llamativos colores de la fruta hay una lucha encarnizada por la supervivencia

¿Superó la barrera del sonido Baumgartner?

Un gran evento publicitario que merece ser analizado más profundamente

Los helados y el dolor de cabeza

Ahora entenderás por qué te duele la cabeza al comerte rápido un helado

Otras formas de beber

Algunos insectos disponen de sistemas alternativos muy curiosos

Uno de los suicidios más famosos

Detrás de los azucarillos alargados se esconde una gran tragedia

lunes, 24 de septiembre de 2012

El olor a lluvia, clave para la supervivencia


El pasado sábado 22 estrenamos el otoño. Tras días y días sin llover en muchas zonas de nuestro país, ayer empezó a hacerlo. Hacía muchísimo tiempo que al abrir la ventana no venía ese olor tan rico a humedad, a lluvia recién caída. Este olor tiene más secretos de lo que imaginamos porque el agua, como sabrás, no sabe ni huele a nada. Entonces… ¿por qué huele al llover?

El aroma que nos llega durante estos días no es otra cosa que un tipo de alcohol. El alcohol es muy volátil, por eso se usa en los perfumes. Cuando los microorganismos que forman parte de la vegetación mueren, producen unas bacterias, las Streptomyces coelicolor. Estas bacterias producen un compuesto químico que se denomina Geosmina, que queda reposando en el suelo y si nadie la molesta, de ahí no se mueve.

Cuando empieza a llover después de mucho tiempo sin hacerlo, las gotas de agua entran en contacto con la Geosmina. Parte de esas gotas, sobre todo en verano y gracias al calor, se evaporan rápidamente y ascienden, poniendo en movimiento esta Geosmina a través del aire hasta que llega a nuestra nariz.

Este olor es vital para ciertos mamíferos. Especialmente para aquellos que viven en condiciones de falta de agua. Localizar dónde ha llovido gracias a la Geosmina puede salvarles la vida. Por eso el ser humano huele la lluvia, porque somos mamíferos.

Así que este olor tan rico a lluvia recién caída… no es más que el olor a organismos muertos. Ha perdido todo el romanticismo, ¿verdad?

jueves, 20 de septiembre de 2012

Cómo se mueve un huracán en el Atlántico


Septiembre suele ser el mes de más actividad de huracanes en el Atlántico y cuando estos tienen más fuerza. Se trata, más o menos, del ecuador de la temporada que empieza el 1 de junio y acaba el 30 de noviembre. Hay un pequeño truco para adivinar cuándo los huracanes empiezan a tener mayor peligrosidad: cuando se llega a la letra K. Acuérdate de nombres como Katrina o Mitch.
Te dejo una imagen espectacular del huracán Katrina, que alcanzó la categoría máxima en la escala de huracanes.


Justamente ahora tenemos tres ciclones afectando la zona atlántica: dos tormentas tropicales y un huracán.
 

  
Antes de seguir, un pequeño paréntesis para aclarar la diferencia entre ciclón, huracán y tifón. Todo son ciclones, pero dependiendo de la zona del planeta que afecten se llamarán tifón (en el Pacífico) o huracán (en el Atlántico). Por orden creciente de velocidad de los vientos, esta es la nomenclatura que se utiliza en meteorología: borrasca tropical - tormenta tropical - huracán categoría 1 - huracán categoría 2 - huracán categoría 3 - huracán categoría 4 - huracán categoría 5.

Como pasó con el reciente huracán Irene que afectó a la ciudad de Nueva York, la trayectoria de los huracanes en el Atlántico suele ser muy previsible. Todos siguen un mismo patrón, aunque como la atmósfera es caótica, a veces pueden darnos alguna sorpresa.   

Los huracanes se forman siempre en las mismas zonas de nuestro planeta. Suelen ser zonas donde las aguas son cálidas. Mira las dos imágenes que te pongo a continuación. La de la izquierda indica la temperatura del agua del mar y la de la derecha el recorrido de los huracanes de la pasada temporada 2010.



 
Un buen ejemplo del típico movimiento de los huracanes en el Atlántico sería el actual Katia.

 

Los vientos alisios, que en las Islas Canarias llegan del Nordeste, desplazaron este ciclón, cuando aún era tormenta tropical, hacia el Oeste. Fíjate en el curioso mapa de vientos que te adjunto.
 

   
Una vez llega a zonas cercanas al Caribe o toca tierra, los vientos alisios se debilitan. En este punto dejan de tener importancia los alisios y toma relevancia la fuerza de Coriolis, que desplaza los huracanes hacia el Norte. En este momento queda bajo la influencia de los vientos globales, o Corriente del Golfo, que soplan de Oeste a Este. Es donde ahora mismo se encuentra Katia. En este recorrido suelen perder más fuerza, hasta que llegan a Europa en forma de borrasca común. Quizá Katia nos dé una sopresa y llegue como tormenta tropical al Reino Unido.
Como antes hemos comentado, esta es la trayectoria más común de los huracanes. Pero a veces la atmósfera es caótica y nos deja recorridos de huracanes curiosos, como Hanna, en 2008, cuando modificó su camino constante para afectar Haití, y luego seguir con su viaje. 


Dentro de unos días hablaremos de los huracanes en el Mediterráneo. Están documentados y quién sabe si en un futuro nos tendremos que acostumbrar a ellos.



El termómetro de Galileo


De todos los tipos de termómetros que existen este es mi favorito. Lógicamente uno preside el salón de mi casa. Lo compré en Andorra hace casi 15 años con mi paga, por eso que dicen que allí todo es más barato. Me ha acompañado en todos los pisos en los que he estado.

Como ves en la imagen, el termómetro lo constituye un cilindro de vidrio cerrado lleno de un líquido transparente. En la mayoría de ellos suele ser agua  un líquido con alcohol. En el interior hay unas bolas que contienen una parte de líquido coloreado y otra de aire. De cada una de estas esferas cuelga una chapita metálica con un valor de temperatura escrito.

Cada esfera tiene una proporción distinta de líquido coloreado y aire. El líquido es el mismo en todas las bolitas pero se colorea para que sean más vistosas. Dependiendo de la temperatura exterior del tubo las bolas suben y bajan. La última bola que queda en la parte superior es la que dicta la temperatura del espacio en el cual se encuentra el termómetro.

¿Cómo funciona este termómetro? Se basa en el principio de Arquímedes, y como su propio nombre indica, lo inventó Galileo Galilei, que no solo tenía ojos para la astronomía. Como cada esfera tiene una cantidad distinta de aire y agua, distinta es su densidad, y cada una de ellas reaccionará de forma distinta a medida que cambie la temperatura del líquido transparente del termómetro. Si eres de los que quiere saber más, aquí de dejo un link con las ecuaciones pertinentes.

El resultado es el siguiente: a medida que sube la temperatura, más bolitas quedarán en la parte inferior del termómetro. Las últimas esferas en descender serán las que tengan menor cantidad de agua coloreada y más aire. De esta manera, cuando haga frío tendremos las bolitas en la parte superior, y cuando haga calor, en la inferior. Es decir, al revés del mercurio de un termómetro convencional.

Si rastreas un poco por la red verás algunos termómetros realmente espectaculares. También tienen un precio espectacular, claro. Los más pequeñitos son baratos y quedan muy bien en el salón de casa.

La Perseida cazada desde el espacio


Este año no ha sido uno de los mejores para ver las Lágrimas de San Lorenzo. Las nubes, incluso las tormentas en algunos casos, nos dejaron con las ganas de observar la lluvia de estrellas más famosa del año. Por si fuera poco, la luna casi llena deslumbraba ahí donde no había nubes y no nos permitía ver el cielo totalmente oscuro.

Pero hay un lugar donde las nubes no supusieron problema alguno. Ahí estaba Ron Garan, astronauta de la Estación Espacial Internacional. Su cámara de fotos tomó la imagen que encabeza este post y no tardó en subirla a su Twitter.
Estas estrellas fugaces, que en realidad no deberíamos llamarlas estrellas, porque no lo son, no se tratan de nada más que restos del paso del cometa Swift-Tuttle. Cuando estos se adentran en la atmósfera terrestre, a casi 60km/s, se desintegran.
El tamaño de cada uno de estos meteoros es mucho más pequeño de lo que imaginamos. No son piedras ni rocas como muchos piensan. En realidad son del tamaño de granitos de arena. La cuestión es que a tal velocidad la desintegración produce un gran resplandor.

¿Qué fue de los aerolitos?


Hace una semana se dio autenticidad a la piedra de granizo más grande caída en tierras americanas. Pesaba 0,88 kg. Al ver tal bloque de hielo me vinieron a la cabeza los famosos aerolitos que cayeron en España hace algo más de 10 años. Fueron unas semanas de incertidumbre donde los científicos no se ponían de acuerdo. Un auténtico caramelo para los informativos.

Yo aún era un crío y la imagen que me quedó de esa historia fue la de un bloque de hielo que apareció en la calle con un pepinillo dentro. Aunque la sombra del fraude planeó en todo momento en este asunto, los aerolitos también aparecieron en nuestros países vecinos. Eso hizo ver que la cosa iba en serio. 

Durante esas semanas los cielos estaban completamente limpios de nubes. Esto complicaba cualquier hipótesis meteorológica. También se barajaba que fueran restos de meteoritos o pérdidas líquidas de aviones comerciales.

¿Cómo acabó todo? Cada día que pasaba la noticia se fue deshinchando. No había datos concluyentes. Pasados unos meses el CSIC comunicó que se trataba de un fenómeno meteorológico poco común. Se abandonó el término "aerolito", que se reserva a objetos que llegan del espacio, y se empezó a utilizar uno más complicado: megacriometeoro. Según el CSIC ese hielo lo formaba nuestra propia atmósfera.

Aún así el resultado no fue consensuado por toda la comunidad científica. El argumento era que para que se forme granizo debe haber un núcleo de inestabilidad con una buena nube que pueda sostener tanto peso. Los cielos azules de esos días chocaban con esa hipótesis. Pero el CSIC se escudó diciendo que esos bloques de hielo se pudieron formar en las capas altas de la atmósfera. Durante esos días esa capa estaba extraordinariamente húmeda y podía haber provocado la formación de núcleos de hielo pequeños que, tras caer tantos quilómetros hasta el suelo, irían cogiendo cuerpo hasta alcanzar un tamaño tan descomunal. Y así quedó el tema.

Encontrar aerolitos con forma de botella de plástico no ayudó para nada a dar seriedad al fenómeno que nos tuvo intrigados durante tantas semanas.

La generación del pulgar y la evolución humana


Si hablamos de manos grandes y fuertes seguro que te vienen a la cabeza tus familiares del pueblo. En mi caso, recuerdo las de mi abuelo y mi padre. Dedos grandes y duros, muy duros. Piel de papel de lija, castigada por el sol, uñas rotas, durezas y sobre todo fuerza, mucha fuerza tenían esos dedos. Miles de horas de labranza en el campo, en la fábrica, en la obra, en el taller...

Ahora las nuevas generaciones, salvo algunos casos, ya no cumplimos estas características. No es que seamos peores, sino que los tiempos han cambiado. Ya no necesitamos esas manos. Las nuestras son más pequeñas, las hidratamos y además mimamos las uñas.

La ventaja que tenemos es que nuestros dedos son mucho ágiles. Especialmente los pulgares. Si este cambio en nuestra anatomía ha tenido lugar en apenas medio siglo… ¿qué pasará dentro de diez generaciones?

El que te escribe ahora mismo también forma parte de la denominada “generación del pulgar”, término con el que bautizó esta generación la escritora y filósofa Sadie Plant, directora de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Horas de entrenamiento en consolas y miles de caracteres escritos desde nuestros teléfonos móviles han convertido a nuestros pulgares en auténticos instrumentos de precisión.

Este cambio también afecta al cerebro. Se crean más conexiones neuronales para poder llevar el control de los dedos. ¿Estamos creando una generación más inteligente? Dale el móvil a un niño pequeño y verás cómo lo maneja. Hasta en Japón los menores de 25 años se hacen denominar “la tribu del pulgar”.

Como todo no podía ser bueno, se deben tener en cuenta las lesiones musculares y las atrofias producidas por un uso abusivo de nuestros dedos. Más complicado es el tema de insomnio, la tensión o la dependencia que se crea con tanto aparato electrónico.

¿Por qué el champú hace más espuma a la segunda?



La de cosas que se nos pasan por la cabeza en la ducha. Si estamos solos, claro. Si te concentras en lo que estás haciendo, te habrás dado cuenta de que la primera vez que te echas champú en el pelo suelta poca espuma. Si decides recrearte con el placer del agua caliente masajeándote el cogote y vuelves a echarte champú, seguro que habrás notado como el producto parece más efectivo y se forma mucha más espuma que antes.

Como las marcas nunca nos dirán su secreto, hay algo que nos puede ayudar a explicar este fenómeno.

Cuando entramos en la ducha lo hacemos con el pelo algo grasiento. Es lo normal, y en una pequeña proporción, también bueno porque nos protege el cuero cabelludo. Pero cuando el pelo empieza a brillar, y no por la laca, quiere decir que toca pasar por la ducha.

En el momento de aplicarnos el champú y frotarnos las manos con el pelo, una parte de este champú se mezcla con la grasa y la disuelve. La mezcla de jabón y grasa es arrastrada por el agua hacia el desagüe. La parte del jabón que cumple esta misión se denomina hidrófoba, porque se disuelve con la grasa pero no con el agua.

Cuando tenemos el pelo limpio y volvemos a aplicar el champú, éste se encuentra con un pelo sin grasa. Eso quiere decir que lo que nos echamos a la cabeza ya no es efectivo, el jabón no encuentra grasa para disolverse y empieza entonces la fábrica de burbujas. No hay parte del champú que se desaproveche para eliminar suciedad y la espuma aparece sin parar.  

Ahora recuerda que los champús son para la cabeza. Solo para la cabeza. Para el cuerpo hay otros productos. Así que no vale eso de “todo lo que cae de champú de la cabeza al resto del cuerpo ya va limpiando”. Toca frotar. 

El hotel ping-pong. Lo que no consigan los chinos...


Hacía mucho tiempo que no tocaba el tema de las rarezas que nos regala la arquitectura por el mundo. Aquí un nuevo ejemplo de lo que nos espera en el futuro. Los chinos, según adelanta el Chinadaily, construirán un parque olímpico con unos edificios muy peculiares.

El complejo estará presidido por un hotel en forma de pala de ping-pong. Tendrá 150 metros de altura y dispondrá de un precioso mirador en la punta superior del mango. En la zona de la pala estarán las habitaciones. Y como es habitual en los hoteles, en las plantas bajas habrá salas de conferencias.

El entorno arbolado y lleno de estanques contará con la presencia de más edificios singulares. Un gran estadio de fútbol americano abierto con unas gradas más parecidas al cuero de un balón de este deporte que al cemento. Dos pabellones de baloncesto y fútbol sala con unas cubiertas que siguen el mismo modelo: imitar el balón de juego. Finalmente, también contará con una piscina que quedará bajo la protección de una pelota de voleibol. Esto sí que no lo entiendo.

Llegados a este punto… uno es de Barcelona y nunca ha entrado en la Torre Agbar. ¿A qué se juega en ese edificio? 

Los helados y el dolor de cabeza


Hay mil cosas que nos provocan dolor de cabeza: los gritos, la voz de tu ex suegra, estudiar, tu madre diciéndote que te hagas la cama, los niños que no se callan en los aviones... En cambio hay otras cosas que, por ley, no deberían. Entre ellas situaría la resaca. Como no puede ser… hoy vamos a hablar de otra de esas cosas que nos provoca dolor de cabeza y no se lo merece: comer helados.

Hay una gran parte de la población que, instantes después de introducirse helado en la boca, sufre un dolor de cabeza breve pero intenso. También sucede al beber un refresco muy frío. Hasta el momento no había encontrado la solución a este enigma, pero un blog de medicina me ha resuelto por fin la duda.

El desencadenante de la cefalea pasajera es la bajada brusca de la temperatura del paladar. En este punto, existen dos teorías. Una que dice que un nervio denominado Trigémino se irrita y nos da la sensación de dolor en la frente. Otra explica que el dolor es debido a la contracción súbita de los vasos sanguíneos del cerebro

La solución está en evitar el contacto de alimentos fríos directamente con el paladar. Toca introducirlos lentamente y calentarlos con la lengua y la saliva para aumentar la temperatura.

Afortunadamente a mí no me pasa. Lo bueno de esto es que puedo sonreír cada vez que alguien al tomar un helado se le pone la cara de gato.

Carritos de la compra de alto voltaje


Cuando llegamos a un supermercado todo te invita a comprar. Paneles enormes con descuentos, música a todo trapo, orden escrupuloso en las estanterías y mil colores que hacen que, inconscientemente, afiles la tarjeta de crédito al salir por caja. ¿Todo pensado al milímetro? No. Todo no.

¿Por qué los carritos de la compra dan estos calambrazos? No es que te pase levemente la corriente o te den un cosquilleo como pasa al chupar las pilas de botón. Producen unas descargas dolorosas, sonoras a veces y que a uno se le quitan las ganas no solo de comprar, sino de hacer cualquier cosa. Además, cuando vas dando el paseo por los pasillos y sabes que llevas unos minutos sin recibir… andas cuidadosamente para no tocar la parte metálica del carro pero entonces… ¡¡¡tzzz!!! Otra vez.

El problema de estos carros es que están aislados del suelo. Su toma de tierra es de plástico y durante tu viaje por el centro comercial va friccionando el suelo. Todos hemos oído eso de que si vas con zapatillas con suela de plástico te vas cargando de electricidad estática hasta que tocas algún objeto conductor, como un metal o incluso otra persona. En las grandes superficies, además, suele haber muy poca humedad por los climatizadores y en estas situaciones el aire se hace menos conductor y los objetos retienen mejor los electrones.

Cuando el carro acumula un exceso de carga eléctrica necesita descargarse como sea para volver a su estado normal. Lo más cerca que suele haber son tus dedos. Si llevas un anillo aún se lo pones más fácil. Aunque no haya contacto directo, la transmisión de electricidad se produce a través del aire y el cabreo posterior aún es mayor.

A no ser que a los carros les pongan una toma de tierra como llevaban antes los coches en la parte trasera, parece ser que la única solución que nos queda para descargarnos es soltar un buen exabrupto tras el calambrazo. Uno se queda a gusto.

Mucho frío, poca nieve


El frío intenso no es sinónimo de nevadas copiosas. A veces veo a mis compañeros de mesa emocionados esperando una gran nevada cuando anunciamos frío, y no es así. Vamos a entender hoy el porqué.

La fuente principal de aire frío en nuestro país llega siempre por el norte. Las irrupciones polares o siberianas, esas que tanto gusta pronunciar a mis amigos periodistas, vienen con temperaturas muy frías pero con poca carga de humedad. Son vientos secos y fríos. Así que ya tenemos que cuando en España llega el frío, lo suele hacer sin precipitación. Hay algunas excepciones, por ejemplo en la cara norte de los sistemas montañosos, que en estas situaciones reciben un buen paquete de nieve.

La otra razón por la cual no nieva cuando hace tanto frío la tenemos que buscar en la física del aire. Piensa en tu baño cuando te duchas. En verano pocas veces se empaña el espejo o se forma la neblina que no te deja ver. Esto es porque el aire caliente tiene una alta capacidad de retener agua. Lo contrario sucede en invierno. El aire frío no puede absorber agua y se condensa en el espejo y en forma de gotitas en el mismo aire, que provoca la especie de niebla. Eso quiere decir que cuando las temperaturas son tan frías, el aire que nos rodea tiene poca cantidad de agua y le cuesta precipitar.

¿Y por qué en ciertas ocasiones nieva tanto en España? La mayoría de veces suele ocurrir cuando, tras una irrupción de aire frío, llega una masa de aire cargada de humedad. Puede llegar en forma de viento de levante, un frente que llegue por el oeste o el norte, o como ha pasado esta semana, viento húmedo del sur que, aunque viene con temperaturas más altas, no le da tiempo a bajar el termómetro.

Es decir, la mezcla de humedad nueva con el aire frío que nos queda tras las irrupciones frías es lo que provoca las nevadas más abundantes en nuestro país.

¿Nieva? Adiós frío


Ayer fue un día de nieve. Tras el directo que hice por la noche desde San Lorenzo del Escorial, mis compañeros se preocuparon por el frío que pasé. No era para tanto. Por este motivo, recupero un post antiguo donde explicaba por qué cuando nieva no hace mucho frío.

Cuando ponemos agua a hervir necesitamos suministrar calor al cazo que la contiene. El agua pasa de fase líquida a gaseosa, y para ello, necesita la energía que nosotros le facilitamos. En termodinámica, este tipo de proceso se denomina endotérmico.

El proceso contrario, justamente lo que ocurre en las nubes cuando empieza a nevar, es exotérmico. Cuando las gotitas de agua minúsculas de la nube se convierten en sólido (hielo) se desprende energía en forma de calor. 

Es decir, cuando el agua recorre el camino sólido > líquido > gas, se absorbe calor (lo que ocurre cuando descongelamos el caldo que nos preparó nuestra madre). El contrario, gas > líquido > sólido, desprende calor.

Por esta razón sube la temperatura cuando se pone a nevar. Sólo lo hace unos grados, pero los suficientes para que nuestro cuerpo lo note. Lo más habitual es pasar de temperaturas negativas a valores cercanos a los 0ºC. Incluso puede hacerlo entre 1ºC y 3ºC.

Mañana veremos por qué cuando hace muchísimo frío, casi extremo, nunca nieva o nieva muy poco.

Bolas de hielo en la playa


No se trata del resultado de unos bromistas con ganas de diversión. La imagen que encabeza el post de hoy es del lago Michigan, en Estados Unidos. Es un fenómeno que se produce en contadas ocasiones cuando nieva con intensidad a orillas de grandes lagos. Lo he localizado en este blog.

Las olas se van comiendo parte de la nieve de la orilla y gracias a las bajísimas temperaturas, se convierten en bolas de hielo que se van moldeando como si de piedras de playa se trataran. Te adjunto el video.  Impresionante.

Cuando el anticiclón dejó de ser bueno


Hoy en día seguimos diciendo con total tranquilidad que el tiempo es bueno o es malo. Pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre el auténtico sentido de estas afirmaciones. Tendría gracia asistir a un debate entre agricultores y hosteleros discutiendo sobre cuándo el tiempo es bueno o malo. Para el campesino, ¿la lluvia es mala? Para los directores de las estaciones de esquí, ¿el calor es bueno?

A pesar de que hoy en día la información meteorológica en los medios de comunicación llega a todo el mundo mejor que nunca, hay algunos términos que inducen a equívocos y merecen una explicación más extensa. Es el caso del anticiclón.
El anticiclón representa presiones atmosféricas superiores a los 1013 hectopascales o milibares. Es decir, altas presiones. Suele ir acompañado por el sol y por temperaturas en general suaves. Pero en algunas épocas del año, como ahora en invierno, un anticiclón puede llegar a ser peor que las más profundas borrascas en algunas zonas.

Imagínate al señor que vive en la Plana de Lleida. Dos semanas seguidas sin ver el sol por culpa de la niebla. Ni al mediodía escampa. Temperaturas bajo cero todas las mañanas. La escarcha pegada al asfalto hace que la conducción sea peligrosa. El campo sufre heladas severas. Y cuando vuelve a casa y escucha al hombre del tiempo decir “el anticiclón nos sigue regalando un buen tiempo”, es normal que coja el mando y cambie de canal.

Estas últimas semanas los anticiclones nos han recordado lo dañino que puede llegar a ser el progreso tecnológico con sus evidentes efectos: la contaminación. La falta de circulación atmosférica y el estancamiento provoca que los gases nocivos se vayan acumulando en nuestros cielos y aparezcan las típicas boinas o sombreros llenos de agentes contaminantes en las grandes ciudades.

Parece mentira que a estas alturas tengamos que desear la llegada de una borrasca para llevarse la polución con la que nos ha estado castigando el último anticiclón. Un mundo aparentemente al revés que pone de manifiesto que a corto plazo, solo la grandeza de la meteorología es capaz de acabar con la contaminación en tan solo 24 horas.

Cerebro humano 1 - Ordenadores 1


A veces hasta que no comparamos cosas no nos damos cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que lo valoramos. Sin ir más lejos, los urinarios de los baños masculinos son un buen sitio para subirte el ánimo o bajártelo. Depende de si el que tienes al lado es un moreno de dos metros, el vigilante de seguridad o el compañero del colegio de toda la vida.

Hablando de comparaciones, ahora podemos valorar la potencia de nuestros cerebros de una vez por todas. Y como hacen los jugadores de ajedrez, lo contrastamos con un ordenador. El resultado es sorprendente.

Cada segundo nuestro cerebro puede realizar el mismo número de impulsos (nerviosos) que la suma de todas las órdenes (eléctricas) de todos los ordenadores del mundo que existían en el año 2007, también en un segundo. Es decir, un solo cerebro equivale a todos los ordenadores del mundo juntos. Sin palabras. Aquí tienes el estudio.

Este número es 6,4*10^18. O lo que es lo mismo: 6.400.000.000.000.000.000.

Llegados a este punto es decepcionante lo inutilizada que tenemos nuestra cabeza. ¿Por qué tenemos tan mala memoria? ¿Por qué nos cuesta tanto dividir? ¿Por qué tardamos años en aprender un idioma?
Quizá la pregunta correcta sería qué es lo que deberíamos hacer para desarrollar el diamante en bruto que se afinca dentro de nuestro cráneo.

Ahora que estoy viendo un programa de zapping en la tele, creo que hay gente que solo puede generar dos impulsos eléctricos por segundo. Y estos, chocan de frente y no llegan a sus destinos.

Aprovechando la contaminación


Solo le quedan 24 horas a la contaminación que se ha afincado en la Península durante las últimas semanas. Mañana un frente se encargará de barrer el país de oeste a este y por fin podremos respirar tranquilos. Algún que otro político también podrá respirar tranquilo, pero por otras causas.

Aprovechando la mezcla de humedad y contaminación que ayer se aposentaba sobre Madrid, recibimos en el buzón de la Méteo esta fotografía realizada por Ana García. Instantes después de la salida del sol, la mezcla de las gotitas de agua de la niebla y las partículas contaminantes hacía la función de filtro. De esta manera, nos permitía ver directamente el astro rey durante más tiempo de lo habitual a esas horas de la mañana.

Por cierto, el lunes ya se podrá circular a más de 80 km/h en algunas de las carreteras que dan acceso a Barcelona. Hasta que llegue otro potente anticiclón, claro.

Contaminación y pelos de nariz


Desde que vimos a qué velocidad crece el pelo de nuestro cuerpo, antiguo post de Colgado por los Newtons, no habíamos hecho referencia al tema capilar. Demasiado tiempo para dejar aparcada una temática tan jocosa y que ahora está de actualidad.

Las palabras que conforman el título del post de hoy van unidas de la mano. El anticiclón es un fenómeno de altas presiones que estanca el aire de nuestras ciudades. Así, la contaminación se dispara. ¿Y qué pintan aquí los pelos de la nariz? Si recuerdas la última vez que viste un filtro de aire sucio de un coche sabrás el porqué. Él respira el mismo aire que tú.

Los pelos de la nariz tienen la misma función: filtrar el aire. Pero en nuestro caso, el que entra en los pulmones con tal de evitar que partículas perjudiciales para la salud se instalen en ellos. El polvo, el polen, pequeños insectos, y como no, algunas partículas contaminantes, son, entre otras, las que quedan retenidas en la entrada de nuestra apreciada nariz.

Así que no es raro que estos días, si vives en una gran ciudad, los Kleenex queden algo teñidos de negro cuando retienen tus mocos. Si eres de los que mira al papel una vez te has sonado, claro. Qué bonita palabra, ¿verdad? Sonarse.

Es durante estos días cuando te das cuenta de que los pelos de la nariz sirven para algo. Recuerda que todo el pelo que existe en nuestro cuerpo tiene su función. Y como somos muy modernos, queremos quitarlo. Pero ojo. Los pelos de la nariz no se arrancan de raíz, y no te lo digo para evitarte el picor y el lloro posterior. Va como el de la cabeza: se va recortando a medida que crece.

Los anuncios y el pH neutro


No sé si te acordarás de ese anuncio de televisión que decía: Gel de ducha pH neutro 5.5, lo mejor para tu piel”. Como no podemos decir nombres de marcas, solo te puedo confesar que ese jabón era de los buenos, empezaba por “John” y acababa con “son’s”. Mi profesor de química cada vez que hablaba de ese anuncio se llevaba las manos a la cabeza porque lo consideraba una falta de rigor científico en mayúsculas. Quizá debería haber hablado con el de biología.

El pH es el índice que nos indica el grado de acidez o alcalinidad de una solución. De 0 a 7 es ácida. De 7 a 14 es básica. Así, el pH que se considera neutro es el 7.

La confusión llega cuando hablamos de los productos de cuidado de la piel. Cuando somos adultos el pH que recubre nuestro cuerpo es 5.5. De esta manera, las marcas denominan pH neutro a esas cremas, geles y jabones que no alteran nuestro pH. Aunque oficialmente en química el neutro sea el 7.

Así que deberíamos decir “pH 5.5, neutro para la piel” para evitar cualquier confusión.

De todas maneras sigo considerando que muchos anuncios de televisión nos siguen engañando. Difícilmente una camiseta manchada con barro y tomate queda de color blanco nuclear tras un lavado. Nunca me creí a los payasos de Micolor Más aún, me daban miedo. El Fairy es el único que me da confianza. Si quieren patrocinar este blog, dejo la puerta abierta. Cuando veo un poco de grasa, ahí tiro la gotita verde y observo cómo el aceite desaparece. Es tan curioso verlo…



¿Por qué vestir de negro adelgaza?


Mi padre siempre le dice a mi madre que el negro le queda muy bien y que el día que él se muera ella estará guapísima en el funeral. Mi padre se lo toma con humor. Cierto es que mi madre sigue estando estupenda pese a su edad, y el negro, la favorece.

Intenté ser delicado en el anterior post, y así lo seguiré haciendo hoy, poniendo fotos de animales para representar un tema tan delicado como es el del peso y la imagen corporal. Ellos no tienen complejos. Por cierto, la foto de la vaca de ayer tenía sentido, aunque alguien no lo llegó a entender. Iba a poner a un pato pero me pareció desagradable.

Vestir de negro estiliza la figura. Como la ropa nunca queda ceñida totalmente al cuerpo se forman arrugas. La luz, al encontrarse con las arrugas, crea sombras. Como las sombras de las cosas siempre son negras, sobre el vestido negro no suelen destacar. De esta manera se eliminan las formas o se suavizan.

Si uno viste de blanco se ven absolutamente todas las arrugas y los pliegues de la ropa. Sus sombras son imposibles de disimular. Esto marca cada una de las formas de nuestro cuerpo. Si somos de los que solemos retener algo de grasa en el abdomen y caderas, no nos vamos a escapar y la ropa nos va a delatar esos quilitos de más.

De todas maneras sigo considerando que vestir de negro es parecido al maquillaje. Se intenta ocultar lo que no queremos mostrar al resto. Así que luego uno se lleva sorpresas. Donde esté lo natural…

El mal humor engorda


Hay que ver la cantidad de factores que influyen en nuestro peso corporal. Dejar de fumar engorda. Vivir en pareja engorda. Enamorarse adelgaza. El sexo, en pareja, adelgaza. Ahora sabemos que el humor también influye.

Cuando estamos en situaciones de estrés y de mal humor nos aumenta la tensión y los niveles de una hormona denominada cortisol. El cortisol se encarga de regular el nivel de glucosa en la sangre. Se trata de un mecanismo automático de nuestro cuerpo que intuye que en un futuro inmediato vamos a necesitar una alta cantidad de energía.

Pasa exactamente lo mismo cuando, por ejemplo, vamos a competir en un evento deportivo. En los momentos previos nos ponemos nerviosos, aumenta la tensión, el cortisol y la glucosa en la sangre para poder tener energía durante la competición.

¿Qué sucede si pese el aumento de la glucosa en la sangre no llegamos a efectuar el desgaste energético posterior? La glucosa, el alimento de nuestras células, acaba convirtiéndose en grasa y se va a esas partes del cuerpo tan odiadas como la cintura y la barriga. Engordamos.

Si vives estresado o de mal humor y engordas, hay trucos para enmascarar el aumento de volumen: jugando con el color de la ropa. Si vistes de blanco aparentas más volumen. Si vistes de negro, menos. ¿Por qué? Lo vemos mañana.

¿Por qué el desodorante sale tan frío?


Sales de la ducha en invierno. Te secas rápido porque llegas tarde. Te mueres de frío. Coges el desodorante y… ¡a congelarse las axilas! Es una de las sensaciones más desagradables de la mañana. Compite directamente con la taza del váter. ¿Podría estar más fría? Aquí mi compañero de mesa la tiene de madera y va chuleando diciendo que no se congela el culo por la mañana. ¿Meará sentado?

Lo que hay en el interior del recipiente de tu desodorante es un gas sometido a alta presión. Cuando nos lo aplicamos, el gas sale rápidamente al exterior a través de la válvula y se expande. La mayoría de gases que sufren un proceso de expansión experimentan una fuerte pérdida de calor. En termodinámica se denomina efecto Joule-Thomson.

Es por este motivo que las marcas recomiendan aplicar el desodorante a cierta distancia de la axila para evitar quemaduras en la piel por el exceso de frío.

Se trata del mismo principio físico que provoca que al soplar para refrescar, por ejemplo, la sopa, el aliento salga más frío. Así lo vismo vimos en el post “A soplar el caldo” de hace un par de añitos.

La solución me la da el mismo compañero de la taza de váter de madera: "Yo utilizo el desodorante roll-on, así me ahorro el frío y no me lo roba mi novia"

Las ventajas de las rotondas


Hay alcaldes que parecen campesinos: a la que ven un trozo de tierra libre, plantan una rotonda. Siempre he odiado este elemento vial, sobre todo desde que me la juego en cada una de ellas por culpa del aceite que sueltan los camiones. Pero desde que he descubierto su importancia y lo que veremos al final, las “turbo rotondas”, ya las miro de otra manera.

¿Qué beneficios tiene una rotonda? El más importante: mejora la seguridad. Los vehículos tienen que reducir la velocidad y dibujar la curva. Si hubiera un semáforo, cuando está en verde se circula más rápido y los posibles accidentes son más violentos. Además, aumenta la fluidez del tráfico. A la que hay vía libre, se puede pasar sin esperar a que un semáforo te lo indique. Es decir, se reduce el tiempo de espera y se producen menos retenciones.

En algunos casos la construcción de una rotonda es obligatoria. Cuando se cruzan más de dos vías no hay otra opción que optimice mejor el tráfico. Otra ventaja sería el ahorro energético del semáforo, aunque gaste muy poco, se debe de tener en cuenta.

Las rotondas del futuro se denominan “turbo rotondas”. El nombre promete. Es la que aparece en la foto de la portada.

La clave está en que cada vehículo es guiado desde el momento en que entra en la rotonda hasta que sale de ella. El carril exterior es el que suele provocar más accidentes, y en este caso, el tiempo que se permanece en él es mínimo. El problema viene cuando entras en la rotonda y no sabes dónde tienes que salir. Haz tú mismo la prueba.

Tras pasearme años por cientos de rotondas de nuestro país, a veces pienso que las inventaron los talleres de chapa y pintura con vistas de negocio, o los artistas, con el fin de tener un sitio donde colocar sus, a veces, horrorosas esculturas.

¿Por qué tantas curvas en las carreteras?


Eso me preguntaba yo de pequeño cuando mi padre conducía su 127 por las curvas de la Costa del Garraf en pleno mes de agosto. El olor a vómito era insoportable. En otras ocasiones, al ver curvas y trayectorias inexplicables en una carretera, me preguntaba si el alcalde le tenía manía a algún vecino dividiendo su finca en dos con el asfalto de un nuevo camino. 

Las curvas del Garraf
La presencia de curvas en las carreteras siempre está justificada. Está claro que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta y también suele ser la más barata. Con excepciones, claro. Una sería el caso de tener que construir un gran puente para cruzar un valle, donde sale más barato bordearlo con giros.

Hay casos donde uno no se explica qué pinta una curva ahí. Si la carretera está hecha así, es por algo. El motivo es bien sencillo: evitar dormirnos al volante. En largas rectas está comprobado que la atención del conductor disminuye debido a la monotonía y se producen más accidentes por salidas de vía y distracciones. La presencia de curvas nos mantiene en constante alerta y despiertos.
La famosa ruta 66 americana
Hay otros casos donde la topografía inevitablemente obliga a crear tramos curvos. Por ejemplo, subiendo a puertos de montaña, bordeando valles, evitando zonas donde el terreno es inestable…

¿La carretera con más curvas?

Hoy en día ya puedes ahorrarte las curvas del Garraf pasando por los túneles de pago. Aunque con el atraco del peaje de la autopista te vuelven a entrar ganas de curvas, aunque vayan acompañadas de vómitos.