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Detrás de los llamativos colores de la fruta hay una lucha encarnizada por la supervivencia

¿Superó la barrera del sonido Baumgartner?

Un gran evento publicitario que merece ser analizado más profundamente

Los helados y el dolor de cabeza

Ahora entenderás por qué te duele la cabeza al comerte rápido un helado

Otras formas de beber

Algunos insectos disponen de sistemas alternativos muy curiosos

Uno de los suicidios más famosos

Detrás de los azucarillos alargados se esconde una gran tragedia

domingo, 9 de abril de 2017

Nuevos tipos de nubes



Con el mismo entusiasmo que unos padres deciden el nombre que le pondrán a su hijo, estamos los meteorólogos tras la gran noticia que hemos recibido. Con motivo del Día Meteorológico Mundial del pasado 23 de marzo se han bautizado doce nuevos tipos de nubes. Esto no quiere decir que se hayan observado nubes nunca vistas hasta ahora, sino que se ha puesto nombre a algunas que ya existían.
La Organización Meteorológica Mundial ha actualizado el Atlas Internacional de las Nubes que databa de 1987. Han pasado treinta años desde la fecha, han llegado las nuevas tecnologías y gracias a los teléfonos móviles y a las cámaras de fotografía, y especialmente a la aparición de internet, todo el mundo ya puede observar nubes con formas desconocidas y con colores raros, compartiéndolas al instante a través de la red.
Entre todas las nubes que se han bautizado hay una que destaca por encima del resto: los cirrus homogenitus. Por el nombre será difícil que nos las podamos imaginar. Se trata de un tipo de nube que crea el hombre. ¿Cómo? A través de los aviones. Son las estelas de condensación. Debido al aumento del tráfico aéreo en todo el mundo y la implicación que pueden tener en la atmósfera terrestre, ya tienen categoría de nube.
La aparición de las estelas de condensación de los aviones nos da muchas pistas sobre las características de la atmósfera e incluso cómo puede evolucionar el tiempo. Que no veamos estelas es sinónimo de estabilidad. Cuando aparecen, quiere decir que a esa altitud hay mucha humedad o una temperatura muy fría, y el tiempo puede cambiar.
Solo hay una condición que se tiene que cumplir para que una estela sea considerada nube: que aguante diez minutos en el cielo. Si tras el avión la estela sigue ahí, ya estamos viendo una nube.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media -

domingo, 5 de febrero de 2017

La forma más rápida de embarcar en un avión



Cuando tenemos que coger un avión, aunque nos vayamos de vacaciones, todos tenemos prisa. Pero si nosotros tenemos prisa, más aún la tienen las líneas aéreas. Uno de los problemas principales que tienen, y más tarde veremos por qué no quieren solucionarlo, es el enorme tiempo que se tarda en embarcar a los pasajeros.

La mayoría de las compañías aéreas lo hacen desde la cola del avión hasta el morro. Esto nos hace pensar que es el método más efectivo, pero no es así. Seguro que has sufrido detrás de algún pasajero lento, que tarda mil años en subir su maleta o en quitarse el abrigo, y que no te deja acceder a tu asiento que se encuentra en la parte de cola del avión. Esto demora muchísimo el embarque.

¿Cuál es el método más rápido para hacer que los pasajeros entren en el avión y se sienten lo antes posible? Por supuesto, no la forma actual. Sería algo más rápido hacerlo por orden de fila correlativamente de atrás hacia adelante. Aún más rápido sería permitiendo entrar primero a la gente que tiene ventana, luego los que tienen asignado el asiento central y más tarde los que tienen pasillo. Pero... ¿y el más rápido? Curiosamente lo más efectivo y rápido es no asignar asiento a los pasajeros.



¿Por qué no lo hacemos así entonces? Porque las compañías perderían dinero. O mejor dicho, dejarían de ganar tanto dinero como hasta ahora. A día de hoy tenemos compañías que venden asientos con prioridad de entrada. Otras, que desgraciadamente son casi la mayoría, te cobran por escoger asiento. Un buen aliciente económico que no se quiere desaprovechar.

Te adjunto el siguiente vídeo, en inglés, donde se ha calculado el tiempo exacto que cuesta cada uno de los métodos de entrada.    


Fuentes: Vox, Mythbusters

domingo, 15 de enero de 2017

Cómo medir el frío



Estamos a las puertas de la primera gran ola de frío del invierno. Es cierto que hace semanas ya tuvimos un episodio de bajas temperaturas, pero la que se avecina es de las que recuerdan nuestros abuelos. ¿Cómo medimos este frío? ¿Es suficiente con un termómetro? No.
Está claro que el termómetro es el instrumento que utilizamos para medir la temperatura. Antiguamente de mercurio, y ahora ya electrónicos, son el testigo más fiable para saber los grados que hay en el ambiente donde lo tenemos. Pero… ¿es esta la temperatura que nota nuestro cuerpo? La respuesta es no. No son lo mismo los treinta grados de Barcelona en agosto que los mismos treinta en Madrid, así como los cero en Vitoria que en Sevilla en pleno invierno.
El elemento que hace que notemos más o menos frío es el viento. Una suave brisa a tan solo cinco grados puede hacer que la temperatura que sienta nuestro cuerpo sea de cero. Al fin y al cabo lo que nos interesa no es tanto saber cuántos grados hay ahí fuera, sino la temperatura que nosotros sentimos.
Para saber la temperatura de sensación existe una tabla que se denomina “tabla de sensación térmica”. En inglés, “windchill”. Pongamos un ejemplo para estos días venideros. Si estamos de noche en Teruel a quince grados bajo cero y el viento sopla a solo diez kilómetros por hora, la temperatura de sensación que siente el cuerpo es de treinta y dos grados negativos. Una barbaridad.
En verano no se tiene en cuenta el viento, sino la humedad. Así, si estamos un día cálido de julio en Valencia a treinta grados, con una humedad del noventa por ciento, la temperatura se sensación es de cuarenta grados.
Mucho cuidado con el frío que viene porque incluso podríamos superar algunos récords.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media -

domingo, 1 de enero de 2017

La cámara oscura



Como ya conoces mi pasión por la fotografía, hoy me gustaría enseñarte algo que puedes hacer de forma sencilla en tu casa y que dejará a todos tus amigos con la boca abierta. Vamos a convertir nuestra habitación en una cámara oscura.

En la imagen que encabeza el post puedes ver el resultado en mi habitación. ¿Qué se puede ver? Efectivamente, mi habitación. Pero a la vez, puedes observar tanto en la pared, en el techo como en todas las superficies la imagen de la calle. ¡Incluso de los coches! ¿Cómo se hace?

Primero debemos tapar toda la luz que entre en la habitación. Absolutamente toda. El papel de aluminio de la cocina y un poco de cinta aislante serán suficientes. Hay que ir con cuidado ya que no puede entrar ni un solo haz de luz. Una vez a oscuras, hay que realizar un orificio en el papel de aluminio justo en el centro de la ventana. Tiene que ser completamente redondo. ¿Y de qué tamaño? Hay calculadoras en internet como esta que te dan el diámetro que debe tener el agujero (estenopo). Yo lo hice a ojo, haciendo el agujero cada vez más grande hasta que la imagen estaba enfocada en la pared. A mí me salió de 2 centímetros.

En este punto ya veremos algo proyectado en la pared, pero no lo veremos ni en color ni de forma muy nítida. Nuestros ojos tardan mucho tiempo en adaptarse a la oscuridad. ¿La solución? Hacer una fotografía. Hay que situarse cerca de la ventana, colocar el trípode y hacer una fotografía de larga exposición para que la cámara sea capaz de captar toda la luz.

¿Por qué se ve la imagen invertida? Te dejo un gráfico para que lo puedas entender.




Te recomiendo visitar el trabajo de Abelardo Morell en el que suele utilizar esta técnica de forma fascinante.  



domingo, 11 de diciembre de 2016

¿Por qué flotan los peces cuando se mueren?


Todos nos acordamos de la primera vez que vimos morir nuestro primer pez. Qué llorera. Ese primer pez que solía ser de color naranja y que teníamos atrozmente atrapado en una pecera en forma de esfera hasta que se quedaba sin oxígeno.

Pero... ¿por qué los peces cuando se mueren se quedan flotando? Puede que se hundan temporalmente, pero luego, siempre acaban en la superficie. ¿Por qué sucede esto?

La explicación la encontramos en un órgano imprescindible para los peces: la vejiga natatoria. Es su órgano de flotación. Se trata de una especie de bolsa flexible que se llena de gases cuando el pez quiere nadar por la superficie, lo que provoca que aumente su flotabilidad, o se vacía cuando quiere hundirse. Más o menos de la misma manera que lo hace un submarino.

El pez puede hinchar esta vejiga tragado aire en la superficie, que luego libera si quiere hundirse, o bien algunas especies generan el propio gas por intercambio gaseoso con la sangre.

Al morir el pez suelta todo el aire, lo que provoca que se hunda. Pero cuando empieza la descomposición del pez se generan gases que hinchan de nuevo la vejiga hasta que lo hacen ascender hasta la superficie.


Esta sería la forma natural de morir de un pez. Ahora bien, si eres pescador, y al devolver el pez al agua se queda flotando y muere, esto no lo provoca la descomposición. No le da tiempo. Al estar fuera del agua el pez se ha llenado de aire y al morir, es incapaz de volver a hundirse.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Playas sin arena y lamentos


Ya nos habíamos olvidado de lo que era un temporal de otoño en el Mediterráneo. Las tempestades que hemos vivido estas últimas semanas han vuelto de dejar playas, especialmente las valencianas, sin arena. Todo son lamentos cuando queremos pasear por unas playas que ya no son playas, pero a todos nos encanta vivir en la primera línea de costa.
Vamos a recordar primero qué ocurre en una playa natural en la que el hombre no ha intervenido. Cuando viene un temporal, el fuerte oleaje y la marea se llevan la arena de la playa hacia dentro y la línea de costa retrocede. Días después del temporal, de forma totalmente natural, el mar devuelve la arena que se había llevado de forma paulatina.
Cuando en la costa se empieza a acumular cemento y asfalto en forma de paseos y edificios, el ciclo natural se interrumpe. El mar embravecido de otoño engulle la arena y en la prensa aparecen las fotos de los paseos marítimos lindando directamente con las olas sin arena que los separe. Por mucho que se añada arena, como se hace en la mayoría de los casos, el mar volverá cada otoño a llevarse la parte que le pertoca.
Luego llegan los espigones, esas moles de grandes cubos de cemento y piedras diseñadas para proteger la primera línea de mar, pero que detienen por completo el movimiento natural de las arenas de nuestras playas. Eso sí, lo bonito que es pasear aprovechando la puesta de sol, ¿verdad? Son una atrocidad.
No podemos pretender ir en contra de la naturaleza. Si desviamos el curso de un río para construir una calle, a la que lleguen fuertes lluvias el río volverá a su curso natural arrasando todo lo que se encuentre y llegarán los lamentos. Con el mar pasa lo mismo. Ya podemos gastarnos miles de euros rellenando la playa con arena, que cuando llegue el otoño, los billetes se irán con la fuerza de las olas.
-Artículo publicado originalmente en Europea Media-

domingo, 27 de noviembre de 2016

La maqueta de la luna



Hace unos días tuve que dar una charla en un colegio para explicar el fenómeno de la superluna. Como no es sencillo de explicar, me ayudé de una maqueta que preparé el fin de semana anterior y que hoy me gustaría enseñarte porque es fácil de hacer y los niños nos pueden ayudar. 

La maqueta tiene dos caras. Las dos fotografías superiores del mosaico muestran una de las dos caras. Aquí podemos ver las fases de la luna, junto al sol. En el agujero figura que estaría la Tierra, pero en lugar de ella, pondremos nuestra cabeza para representar el mismo punto de vista. De esta manera, girando la vista podemos ir observando las distintas fases de la luna. La mejor manera para entenderlo. 

Si giramos la maqueta (2 fotografías inferiores del mosaico) vemos la órbita elíptica que describe la luna alrededor de la Tierra. Es una órbita algo exagerada, pero necesario para que los niños entiendan el perigeo y el apogeo, cuando la luna y la Tierra están en su punto más cercano y más alejado respectivamente. El funcionamiento es el mismo que antes: ponemos la cabeza en el agujero simulando que estamos en la Tierra y veremos en una ciudad la luna más grande (perigeo) que en la otra (apogeo).

La superluna se da cuando coincide la luna llena con el perigeo, y como resultado, vemos la luna más grande. 

Te dejo algunas fotografías de la visita al colegio.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Superluna, supernoticia



Pocos acontecimientos son capaces de apartar de primera plana a la política. Y eso que entre el panorama nacional y el internacional vamos bien nutridos. Quién nos iba a decir a los que nos gusta mirar el cielo que durante dos días la luna conseguiría abrir informativos y ocupar las portadas de los periódicos. Una superluna sin duda especial. ¿Tan excepcional fue?

Los que este lunes dedicamos unos minutos a contemplar la luna nos podemos considerar unos afortunados. Se dieron dos circunstancias que por sí solas no tienen nada fuera de lo normal. Por un lado teníamos luna llena. Por el otro, era el día en el que la Tierra y la Luna se encuentran en su posición más cercana. En astronomía esto se denomina Perigeo. Esta coincidencia hace que podamos hablar de superluna.  

Esta superluna ha sido aún más especial. Desde el año 1948 no se veía tan grande. Nada más y nada menos que 68 años. Para la próxima tocará esperar a 2034. Se ha visto un 14% mayor y un 30% más brillante. Pero ojo, aquí hay trampa y pocos medios lo cuentan. Estos porcentajes son respecto a la luna llena más pequeña del año. Esto hace que tuviéramos cierta sensación de decepción al ver que la luna era muy parecida a la de otros días.

A menudo se suele acusar a los medios de comunicación de exagerar las noticias para lograr un buen titular. No considero que este sea un caso, pero he echado de menos en casi la totalidad de las informaciones que la comparación es respecto a la luna más pequeña, y esto cambia las cosas.

De todas maneras ver aparecer la luna por el horizonte fue espectacular. Tan grande y teñida de naranja, subiendo a gran velocidad, fue algo que cuesta describir en palabras.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La culpa no es del tiempo


No son días fáciles para los que vivimos en la gran ciudadLos índices de contaminación están por las nubes y la capital, Madrid, ya ha tomado medidas para rebajar estos índices restringiendo el tráfico. Barcelona vive algo parecido. No deja de ser curioso que desde la misma ciudad no vemos la boina de contaminación. La capa anaranjada que nos cubre solo es apreciable desde las afueras.
Habitualmente leemos en la prensa que las condiciones meteorológicas son las que hacen aumentar la concentración de partículas contaminantes. No podemos negar que la afirmación anterior es cierta, pero con matices. Lo que no podemos aceptar de ninguna manera es que la meteorología es la que provoca la contaminación.
Vamos a recordar primero por qué estos días respiramos un aire tan sucio. Estamos bajo la influencia de un anticiclón, que implica altas presiones. La elevada presión que ejerce la atmósfera impide que el aire que está en contacto con el suelo ascienda. Es decir, actúa a modo de tapa de una sartén. Si además tenemos en cuenta que el viento en superficie es bajo o nulo, podemos deducir por qué el aire no se está renovando. ¿Cuándo cambiará esto? En el momento que disminuya la presión, llegue una borrasca o un frente con lluvia, o cuando el viento aumente su intensidad.
El tiempo no es ni mucho menos el responsable de esta situación tan preocupante. Solo nos recuerda de vez en cuando la cantidad de gases que arrojamos al aire, el mismo aire que luego pasa a nuestros pulmones. ¿De quién es la responsabilidad? Lo fácil es culpar al ciudadano, inculcándole que debe utilizar un coche eléctrico o reciclar los envases. Pero la huella de lo que podemos hacer de forma individual es minúscula. La iniciativa la debería haber tomado hace muchos años alguien que lleva corbata.

-Artíclo publicado originalmente en Europea Media-

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Por qué Marte?


A pocos días para acabar su mandato, Barack Obama ha dado esta semana un titular sorprendente con estas palabras: “Le hemos puesto un claro objetivo vital al siguiente capítulo de la historia de los Estados Unidos en el espacio: enviar seres humanos a Marte antes del año 2030 y devolverlos sanos y salvos a la Tierra, con el objetivo principal de que algún día puedan permanecer allí más tiempo”.
¿Por qué Marte y no la Luna? ¿Por qué Marte y no Venus, Júpiter o Saturno? Porque en Marte está la respuesta a una pregunta que se han hecho todas las civilizaciones: ¿hay vida lejos de la Tierra?
Marte es el planeta más cercano a nosotros y en el que hay elementos que podrían favorecer la presencia de la vida. El ingrediente principal sería el agua, pero no podemos olvidar su distancia al Sol y la temperatura en su superficie, que también podrían ser ideales para albergar vida. De las primeras misiones a Marte ya sabemos que antiguamente el planeta tenía agua en su superficie. Sus estrías son una prueba evidente. Si vamos a Marte y buscamos fósiles, pueden pasar dos cosas, y ambas, provocarían una auténtica revolución. 
Si en Marte encontramos fósiles quiere decir que con agua, tiempo y algún elemento que desconocemos, la presencia de vida es posible. De esta manera, en cualquier punto del Sistema Solar o del universo la vida sería posible. Pero si en Marte no hay rastro de fósiles quiere decir que con solo agua y tiempo no es suficiente para que haya vida. En este caso la formación de vida se entendería como algo más complejo y difícil de explicar, que podría suponer que estamos solos en el universo. Por esto es tan importante ir a nuestro planeta vecino. 
Cualquier misión que estudie a fondo Marte sacará una conclusión que cambiará nuestra forma de mirar las estrellas por la noche.

-Artículo publicado originalmente en Europea Media-